Hace unas semanas, fue compartido por correo electrónico un fragmento textual de Monique Wittig, lingüista escritora francesa, teórica feminista para quien era fundamental la abolición de las categorías de género y que denunció a la heterosexualidad como un régimen político opresor.
A pesar de estar de acuerdo en ciertas puntualizaciones, disiento de creer que todo el control del mundo mecanizado en el que vivimos provenga del ejercicio del dominio a través del concepto de géneros. Atascado de información redundante que apela a la misma esquematización, tramé la posibilidad de apoyar la develación de la manipulación a la que podría referirse ese texto:
Y si bien en los últimos años se ha aceptado que no existe nada a lo que se pueda llamar “naturaleza”, que todo es cultura, sigue habiendo dentro de esa cultura un núcleo de naturaleza que se resiste a todo examen, una relación excluida de lo social en el análisis, una relación cuya característica es ser ineludible en la cultura así como en la naturaleza, y que es la religión. A esto le llamo la relación social obligatoria entre “hombre” y “dios”… Con ese carácter ineludible, como conocimiento, como principio obvio, como algo dado previo a toda ciencia, la mente creyente desarrolla una interpretación totalizadora de la historia, de la realidad social, de la cultura, del lenguaje y de todos los fenómenos subjetivos al mismo tiempo. Apenas puedo subrayar el carácter opresor que reviste la mente religiosa en su tendencia a universalizar inmediatamente todo concepto que produce como ley general y sostener que es aplicable a todas las sociedades, épocas y personas. Así hablan del intercambio de mujeres, de la diferencia entre los sexos, del orden simbólico, del inconsciente, deseo, cultura, historia, dándole un significado absoluto a todos esos conceptos que en realidad son sólo categorías basadas en la divinidad, o sea, el pensamiento que produce la diferencia entre los seres como dogma político y filosófico.
Con algunos ligeros cambios, intentemos ver el juego. Palabras, conceptos, praxis intercambiables. A continuación, el escrito original.
Y si bien en los últimos años se ha aceptado que no existe nada a lo que se pueda llamar “naturaleza”, que todo es cultura, sigue habiendo dentro de esa cultura un núcleo de naturaleza que se resiste a todo examen, una relación excluida de lo social en el análisis, una relación cuya característica es ser ineludible en la cultura así como en la naturaleza, y que es la relación heterosexual. A esto le llamo la relación social obligatoria ente “hombre” y “mujer”… Con ese carácter ineludible, como conocimiento, como principio obvio, como algo dado previo a toda ciencia, la mente hétero desarrolla una interpretación totalizadora de la historia, de la realidad social, de la cultura, del lenguaje y de todos los fenómenos subjetivos al mismo tiempo. Apenas puedo subrayar el carácter opresor que reviste la mente hétero en su tendencia a universalizar inmediatamente todo concepto que produce como ley general y sostener que es aplicable a todas las sociedades, épocas y personas. Así hablan del intercambio de mujeres, de la diferencia entre los sexos, del orden simbólico, del inconsciente, deseo, cultura, historia, dándole un significado absoluto a todos esos conceptos que en realidad son sólo categorías basadas en la heterosexualidad, o sea, el pensamiento que produce la diferencia entre los sexos como dogma político y filosófico.





Pensar por uno mismo, aún en la disidencia y ante la "contrainformación"















martes en CU y, sobre todo, en el que dimos en Puebla? No sé si también habrá forma en que se entienda el tiempo-nalga y oreja utilizado en coordinar los viajes y proyectos que hemos hecho en ZD, así como el tiempo para escuchar y hasta aconsejar, a veces, acerca de las situaciones personales que se han suscitado al interior de un grupo de amistades –que, por lo mismo, es muy emocional-, con el fin de mantener cierta cohesión. Ese tiempo, ¿cómo se puede medir? ¿No tiene ningún valor? ¿Da igual si lo hago o lo dejo de hacer?


