A propósito de un texto que encontré en la revista Cine Toma donde la actriz colombiana Alicia Caro escribe respecto a sus inicios en el cine nacional en 1947 y a su primer papel protagónico en La vorágine (Abismos de amor), de 1948 dirigida por Miguel Zacarías, transcribo la parte que me conmovió profundamente porque la pude asumir como dedicada a mí, que pareciera resultado de una plática en persona, entre ambos, de apenas anoche.
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La novela [La vorágine] termina con las palabras: “¡Arturo Cova y sus compañeros no regresaron; se los tragó la selva!”..
[...] A partir de la adolescencia la vida es como internarse en una selva intrincada, desconocida y fascinante. 

[...]
Estará perdido y confuso a veces en esa selva, donde hay peligros ocultos que de pronto aparecerán frente a él [...] que a veces quizá lo hagan perder la fe y el camino [...]
Pero en algún momento conocerá el amor; su vida y todo su entorno cambiará para bien.
Mientras, el tiempo inexorable lo irá envolviendo hasta darse cuenta que ya es un anciano y conoce, sabe que la vejez es un lento deterioro progresivo de todo el organismo. Se dará cuenta que la juventud busca, quiere movimiento y lucha: nuevas metas, nuevos retos… y entiende con dolor que todo eso quedó atrás en su pasado.
Ahora que ya empieza a conocer la soledad, comprende que lo irá envolviendo y que en el fondo empieza a desear la quietud.
Finalmente aceptará que ya no hay regreso, ¡que se lo tragó la vida!
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