Me llegó un correo y fue como me enteré de que ya se había conseguido que Spencer Tunick hiciera una fotografía de desnudo masivo en México. Supe de su trabajo hace años gracias a CNI Noticias, donde lo habían cubierto y desde entonces pensé en lo emocionante que sería hacer algo así; sin embargo, no sabía si mi pena podría permitirme lanzarme a la aventura o me quedaría como un simple testigo de un evento aparentemente tan contrario a la moral cristiana que impera en este país.
Me registré y esperé como todos, sólo que el plan era asistir con mi novia, la cual vivía conmigo, quien estaba más entusiasmada que yo y aparentemente con ninguna duda de querer asistir. Quién sabe qué hubiera pasado si el evento se hubiera hecho el día originalmente planeado pero al recorrer la fecha resultó que en ese momento mi relación de pareja ya no existía.
Me levanté a las 3:50 y no había impreso el formato para el registro que llegó por el correo, así que aún antes de pararme estaba pensando si ir o no. Se quedó un amigo en la noche a dormir en mi casa, para alejarme por lo menos por una noche los fantasmas que irrumpen mis sueños y que los han transformado en pesadillas, pero no pude convencerlo de levantarse e ir al Zócalo. Tuve que irme solo. Con mi novia nos hubiéramos ido en su auto (”nuestro auto”) pero ahora tuve que buscar conseguir un taxi y el primero que pasó se negó a llevarme, así que tuve que caminar 1 km para llegar al cruce de Circuito Interior y la Calzada México-Tacuba, donde pasaban taxis ocupados y se me hacía tarde. Faltaban dos minutos para la hora convenida (4:30) y yo sin poder conseguir cómo transportarme, por lo que ya pensaba regresarme a casa molesto y desanimado pero por fin un taxista se compadeció, pasó desocupado y me llevó al Eje Central.
Desde que tomamos Av. Juárez me sorprendió ver tráfico a esa hora, tuvo que tomar Balderas para dar vuelta en Artículo 123. Al avanzar desde el Eje Central caminando por 16 de Septiembre vi la cola que llegaba a Bolívar y que serpenteaba sin dejar claro si eran una o más filas a partir de Isabel la Católica. Fui hasta el frente para preguntar en la mesa de registro si alcanzaría alguna de las formas que anunciaron que ahí tendrían para poder registrarse en el momento, vi varias papeletas y sólo me indicaron que me formara a un lado, en la fila donde no excedía de 10 personas formadas. Después de unos minutos entré a registrarme y pasé muy pronto a sentarme frente al hotel donde darían las instrucciones. Me pareció injusto en 20 minutos haber entrado mientras el resto de la gente esperó más tiempo para entrar, no sé por qué detenían el avance de la gente si había ratos en los que no pasaba nadie y pronto cerraron el acceso por 16 de Septiembre. Vi pasar las cajas con las papeletas de registro y pensé en que espero que le entiendan a mi letra para que me hagan llegar la confirmación de la entrega de mi foto. Al entrar por el retén hacia el Zócalo supuse que revisarían las pertenencias y catearían lo que uno llevaba puesto como en cualquier lugar hace la seguridad para los eventos pero la primera sorpresa fue que eso no sucedió y la siguiente es que yo pude anotar que me llamaba Benito Juárez y nadie se habría dado cuenta pues no revisaron la hoja, sólo la tomaron y después la depositaron en una de las cajas. Por cierto, cuando entré vi pasar a dos chavos que cargaban al hombre en silla de ruedas que aparece en las fotos mientras un voluntario le iba dando instrucciones agitadamente, parecía regañarlo amablemente.
Ya cuando estaba sentado me hicieron recorrerme hacia la izquierda de la calle, para estar cerca de los arcos del edificio de gobierno del DF, ahí no había marcas de líneas de colores en el piso, las cuales nos habían indicado servirían para guiarnos respecto a donde dejaríamos nuestra ropa. Al voltear miré a la gente muy entusiasta a pesar del frío, pero aunque había un buen ánimo yo no me sentí integrado, debo admitir que esperaba en cualquier momento ver a mi exnovia por ahí lo cual me esperanzaba a la vez que me angustiaba. Cuando salí de casa me dolía la panza, tomé un medicamento contra la acidez estomacal y ya en la plancha, al estar sentado esperando, se sumó el hambre feroz que comencé a sentir y finalmente el deseo de ir al baño, pero nunca me ha gustado ir a los retretes de eventos públicos, así que me aguanté.
Empezaron las instrucciones y no se oyó ni madres del lado en el que estábamos, las siguientes fueron para avisar que debíamos desvestirnos y yo ya llevaba media hora de pie, las nalgas se me habían entumido de estar sentado y ya habían atascado 5 de Febrero con más participantes y también al frente de donde estábamos porque ahí acomodaron a los últimos que pudieron entrar, como estabámos muchos de pie, el espacio se volvió más reducido y eso se notó al momento de desvestirse, yo en cuanto me doblé para quitarme los zapatos rocé con el cuerpo de quienes estaban detrás, al lado, en fin, como pude me encueré pero lo que me inhibió un poco fue ver la algarabía y rapidez con la que el resto se desvistió, aparte de que no soporto el frío y estaba bastante fresco aún, yo supuse que primero ensayaríamos las posiciones vestidos, pero no, a formarse y a vivirlo, me esperancé de que no me congelaría puesto que habían avisado por internet que no estaríamos mucho tiempo desnudos.
Finalmente encontré un espacio cerca de donde empieza 20 de Noviembre y no reconocí a nadie de los que estaban a mi alrededor, mi plan era no perder de vista a la gente que había estado cerca de mí en donde nos desnudamos para poder encontrar rápido la bolsa con mi ropa pero fue en vano. Todo mundo se desperdigó y se acomodó como pudo. Cuando nos dieron la indicación de ocupar cada uno un cuadro de la plancha varias filas se tuvieran que reacomodar. Volteé y observé a dos chicas cubriéndose los senos con sus brazos y a otra más, de mayor estatura que yo, con los brazos a los lados y portando con seriedad su desnudez, por lo que asumì que las chicas se cubrían por pena. Sin embargo, al poco tiempo yo hice lo mismo, cruzar mi brazo sobre mi pecho porque me empezó a fustigar el frío y no hallaba cómo calentarme.
La sensación de estar descalzo sobre esa plancha que tantas ocasiones se ha pisado, que se había vuelto tan común, que carga tanta historia sobre sí, era sumamente emocionante y ni se diga pensar estar en pelotas frente a la Catedral Metropolitana, demostrando una vez más que los valores eclesiásticos me los paso por el arco del triunfo. Pero era más padre ver que no estaba yo solo en esta aventura.
La tercera posición sin duda fue la más problemática, porque fue sumamente extraño y molesto para mí presenciar cómo nos acompleja y confronta aceptar que tenemos un ano y que exponerlo en posición fetal hacía parecer que la masculinidad mexicana estaba en riesgo y con ello el honor de la familia nacional. Todo tipo de bromas pero sobre todo las risas nerviosas de la mayoría de los hombres (las mujeres por lo general se veían estoicas) me hacían pensar en lo poco aceptado que tienen la relación con todo su cuerpo, más allá de enorgullecerse de su pene y sus erecciones. Me relajé para no provocarme un calambre y la dichosa foto no se podía tomar porque unos se agachaban pero otros se levantaban y total que no estábamos todos agachados, el clásico desmadre mexicano.
Cuando nos dicen que vayamos para 20 de Noviembre, al ir caminando se sintió la satisfacción del deber cumplido, la comunión de personas que se sienten muy cercanas y cómplices de algo bello, se siente en el clima una rara intensidad que no se sabe cómo explotar y de alguna manera la certeza de que está a punto de terminar el sueño, el acto de igualdad que nos ha hecho asumir que el morbo no está necesariamente ligado a la desnudez y que podemos mirarnos en otras pieles y formar un solo ente, después de las profundas divisiones que como sociedad hemos tenido en los últimos tiempos. Era un grito acallado que manifestaba que todos podemos pensar en que las cosas pueden ser mejores, que no nos vamos a fallar, que no nos vamos a abandonar. Los goyas y las consignas fungieron como manifestadores triviales de lo que se percibía.
En 20 de Noviembre quedé en la segunda fila, viéndonos de frente, puesto que dábamos la espalda a la Catedral, por lo que en alguna foto aparecida en El Universal se puede ver por lo menos mi cabeza. Terminada la sesión nos dicen que los hombres terminaron, una chica me pregunta si se refirieron sólo los hombres y le digo que debe ser un error, también a mí me saca de onda escuchar esa instrucción. Sin embargo, pronto empiezan a indicar a las mujeres que se congreguen en el centro de la plaza. Voy a vestirme con la duda de para qué las querrán y con la sensación de haber sido desechados. El interés por ver a lo lejos a mi ex me hace acercarme cuando veo a chicas venir a los brazos de sus parejas, quienes portan las bolsas con las ropas de ellas, por lo que pienso que han terminado. Los voluntarios nos detienen y vemos que están en el extremo izquierdo de Palacio Nacional, mientras una voluntaria nos informa que estuvimos entre 18 y 20 mil personas vamos avanzando y no nos detienen por lo que parece no haber problema en poder observarlas. Algunos chavos comienzan a decir estupideces acerca del deseo reprimido pensando en la superioridad del macho que ya no se siente expuesto y que vuelve a su actitud donjuanesca. Pero no fue la mayoría. Algunos comenzaron a sacar sus celulares y nadie les decía nada, hasta que llegó una voluntaria y nos pidió que nos retiráramos pero sin mucha fuerza. Todo estaba descontrolado. Las chicas gritaban que nos fuéramos y se sintió nuevamente la guerra de los sexos en su esplendor. Desechados por los organizadores y repelidos por las mismas mujeres. ¿Por qué se incomodaban si a final de cuentas ya las habíamos visto desnudas?
Me voy hacia donde recogí mi ropa y empecé a buscar la bolsa donde estuvieran los ropajes de mi ex, pero pronto desistí al darme cuenta que era difícil poder ubicar su ropa sin abrir bolsa por bolsa. Me voy hacia Madero y en los arcos escuchó a uno de los voluntarios decir a otro que se vaya en chinga a las salidas porque se estaban robando las bolsas con la ropa de las damas. Cómo no, para qué nos dejaron vestir primero. Pero me acerco a 16 de Septiembre y veo a personas caminando que se nota están llegando a trabajar -por lo menos quiero pensar que entraron por ello-, que no estuvieron en la foto y noto que ya hay paso libre para que entre al Zócalo quien sea, aunque las mujeres siguen desnudas.
Terminan la foto y corren desnudas hacia nosotros para vestirse. Algunos hicieron una valla tomados de las manos para que nadie se aprovechara de que pasaban entre los hombres y otros sólo reaccionamos aplaudiendo cuando se acercaron, como una especie de reconocimiento a su presencia y valor. De pronto, veo a mi exnovia, quien aunque está exactamente enfrente de mí, tiene la mirada en el suelo buscando su ropa por lo que no me nota. Le hablo y me saluda mecánicamente, me acerco a continuar la plática (observo que su ropa está a cinco metros de donde yo me desvestí, la tuve tan cerca y no la vi antes de que nos desnudáramos), me responde someramente aunque amable, pero no puede evitar soltar una frase contundente “Siento que han pasado años desde que te dejé de ver”.
Sólo eran seis días.
1 Septiembre, 2007 at 5:50 am
Solo en el Zócalo: Comentarios en Zoomblog
Enviado por Grethe
Fecha: 4 de Junio, 2007, 17:22
Hola,
Acabo de leer tu relato y me estremeció. Recuerdo que yo senti cosas muy parecidas cuando estuvimos juntos ese día, todos, como un todo. También compartí la indignación ante las actitudes machistas de algunos hombres. Y me solidarizo en tu pena por perder a tu pareja, así pasan las cosas a veces. Pero lo que más me sorprendio… Es que vives tan cerca de mi casa, estuvimos tan cerca en la instación, dejamos la ropa en el mismo lugar. ¿Cuantas veces nos hemos cruzado en la vida? Y ni siquiera nos enteramos que existimos. ¿Cómo podemos vivir en una ciudad tan llena y estar tan solos al mismo tiempo? Y finalmente Que fácil desnudamos nuestro cuerpo, ójala desnudaramos así nuestras almas. Te felicito, es un relato excelente ¡Gracias!
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Enviado por Halo
Fecha: 5 de Junio, 2007, 23:50
Hola Jerez una gran cronica de este acontecimiento, realmente me tuvo al filo de la butaca, un abrazo hermano.
saludos
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Enviado por Max
Fecha: 6 de Junio, 2007, 16:52
Tu experiencia fue genial, me hubiera gustado estar alla, pero desgraciadamente vivo en California, pero varios amigos mios estuvieron y me contaron que fue una catarsis muy chingona. No se si me hubiera animado a hacerlo pero te felicito.
Tu cronica fue muy detallada y me hizo vivirlo, gracias.
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Enviado por Manuel Juarez
Fecha: 7 de Junio, 2007, 23:02
Muy buena narracion, de lo acontecido, y supongo tambien muy buena experiencia y tienes mucha razon el morbo esta en la mentalidad de cada persona, p.d. La desnudez no va en contra de la iglesia, lo que si es la morbosidad
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Enviado por PACOS C
Fecha: 8 de Junio, 2007, 13:37
Muy interesante tu relato, en realidad lo mas impresionante aparte del desnudo colectivo tal vez sea lo que viviste al hacerlo en un lugar cargado d tanta vivencia e historia saludos desde Ags
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Enviado por Ariadna http://ariadnavallejo.blogspot.com
Fecha: 2 de Julio, 2007, 11:20
Que bueno haber compartido esa experiencia contigo… aún sin conocernos. Pero mejor aún es, depués de conocernos, seguir compartiendo experiencias…