Televisión “kitsch”

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Decir que la televisión es un medio donde se manifiesta cotidianamente el mal gusto resulta un lugar común, tanto porque esto es discutido en varios textos como porque la gente lo asume al hacerlo un medio exitoso a pesar de la evidente carencia de contenidos con alguna propuesta. 

Sin embargo, la televisión nunca ha dejado de ser un medio solamente, ya que su inmediatez la vuelve evidentemente comercial, no así al cine que si bien tampoco nació como arte, se convirtió en una manifestación estética al adquirir conciencia de los elementos que la caracterizan y de sus aportes realizados en materia de composición y narrativa. Vulgarizar un medio que no ha sido arte no es terrible como lo resulta corromper un arte en pos de la búsqueda comercial. 

El caso del cine es más terrible precisamente en nuestros días, por ser un arte plenamente identificado como tal, que no se puede olvidar que resulta muy caro, difícil en el aspecto técnico por la cantidad de gente y recursos que implica. Por lo tanto, la viabilidad financiera de los proyectos hace que las búsquedas sean más comerciales porque, a pesar de todo, es un negocio más que un espectáculo. 

Porque la calidad de espectáculo no vuelve malo a un producto como sí lo vuelve considerarlo negocio ya que se convierte sólo en mercancía que, por tanto, sólo tiene valor de cambio. Doy dinero a cambio de que me deslumbres. 

De tal suerte, el cine como espectáculo, ampliamente dominado por los intereses de los gringos, hace que la mayor parte del tiempo nuestra cartelera se encuentre plagada de películas que demuestran no sólo una falta de sensibilidad y de interés por proporcionar cultura, sino también la facilidad con la que catalogan al público como unos infantes retraídos permanentes que no son capaces de aventurarse a desentrañar las tramas sino que tienen que dar los elementos ya convenidos bajo los géneros, que encasillan elementos y repiten historias. La falta de talento se evidencia ante la falta de capacidad para hacer espectáculos que, si no se aventuran al acto creativo, por lo menos no insultaran la inteligencia de un espectador que, gracias a la tele, se ha acostumbrado a deglutir acciones de acuerdo a la receptividad de sus emociones, ya también educadas en las suertes programadas.

Ensayo terminado el 13 de abril de 2005.

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