Para no besar

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Definitivamente, no tenemos mucho qué ver, entre más convivo con ella más me queda claro. Yo planeo y doy valoraciones, establezco prioridades. Ella hace, deshace, improvisa, no medita mucho antes de acometer y actúa sin reflexionar por lo que parece no haber remordimientos.

Me pidió que la acompañara con sus amigos. Asegura que le dije que si me acompañaba con los míos yo iría con los suyos. No es cierto. Sabía de la cita que tenía con sus amigos por la noche y yo ya había planeado ver a los míos aunque tenía mucha hueva de salir. Únicamente porque me entró una sensación de remordimiento al pensar en salirme de la casa y dejarla sola fue que se me ocurrió decirle si me acompañaba, fue por cortesía. No tenía intención de ir con sus amigos porque sé que hay ambientes en los que simplemente no me gusta estar, por lo que me cuesta mucho adaptarme. Sabía que sucedería con ellos.

De pronto, ya estaba montado en un auto rumbo a un cantabar (¡yo en un cantabar, a mí que me disgusta hacer y ver hacer el ridículo de esa manera, no manchen!) y para colmo escogieron ir a uno hasta San Juan de la chingada, habiendo tantos en la ciudad (como se nota que la gente encuentra cualquier pretexto para emborrachar y externar sus pulsiones) nos fuimos hasta Tepotzotlán.

Sus amigos son simpáticos, en general, buena onda. Trataron de convencerme de que bailara o los acompañara a cantar. Afortunadamente no insistieron, me hubiera portado muy desagradable de haberlo intentado.

Y heme ahí, viendo mi reloj de reojo, esperando que el tiempo se fuera volando, ya quería que acabara la jornada apenas habiendo llegado al lugar siendo las 21:30 horas, escuchando todo el cancionero sentimental de mi madre (pero sin estar ella presente) las melodías pegajosas que berreé hasta mi adolescencia y todos los éxitos de plástico para mentes pubertas del momento. Pop, gruperas, norteñas para mis pulgas. Leía las letras y la mayoría eran más espantosas que las voces de quienes exhibían más que sus pocas agraciadas voces, sus pésimos gustos. Entre cerveza y cigarros, de la angustia pasé a la incomodidad, luego a la resignación, al fastidio y finalmente al aburrimiento.

Y para colmo, sintiendo ella los efectos embriagantes de la cerveza y mostrando una disposición del tamaño del cielo a besarme, tuve que abordar el punto de por qué no le correspondía, aclarando por enésima vez el porqué de que no seamos novios. Es increíble qué tan cerca y, a la vez, tan lejos se puede estar de la gente.

Tras el marco

Un comentario sobre “Para no besar

    La maja desnuda escribió:
    23 julio 2010 en 14:21

    Wow Dausen! Vaya que si eres un ser al que han querido, amado y deseado mucho (me incluyo) y bueno, no es de a gratis. Siempre he pensado que a pesar de lo grinch que muy a menudo resultas, eres un ser maravilloso. Ojalá en algún momento te ame y deseé la mujer de tus sueños y que seas muy feliz!!! Sabes que yo siempre te estaré hechando porras =)

    Besos

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