Aliento

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Océano de esperanza

La semana pasada escribí aquí un “mea culpa” haciendo la transcripción de unas anotaciones de comentarios vertidos por Karina, mi ex novia, ex concubina (aunque suene rara o fea, es una palabra que describe una relación muy íntima) con el afán de purgar mi tristeza revolucionada.

Sabía que era arriesgado exhibirme públicamente con una serie de defectos alusivos a mi persona, ante lo cual varios amigos, al leer tal recuento, señalaron molestia por lo que ellos entendieron como un acto de flagelación y estancamiento.

Algo me hizo sentir que era necesario hacerlo. Después de todo ¿qué más podía perder?

Y de verdad que fue bueno. Al escribirlo, pude tomar cierta distancia de esas palabras, observar hasta dónde pueden ser injustas y qué tanto encierran de cierto. Cuestiones del cristal con que se mire, de la realidad de cada uno. Pero en mi realidad -que es la única que puedo asumir, que cargo conmigo- sirvió para procesar mis emociones, analizar mis referentes, criticar mis actos, tratar de enmendar la plana, a fin de cuentas nunca ha sido mi intención lastimar adrede a un ser querido. También sirve para entender lo que los demás buscan, las maneras en que lo externan. Intentar ser más comprensivo y detener al hombre atropellado que puedo ser. No todos agarran la onda de que uno hable de forma directa, intentando que las palabras signifiquen en la mayor medida su sentido literal.

A veces me gustaría ser más metafórico. Pero no, no creo ya que vivir conmigo sea un infierno. Siendo justos, creo que sólo se trata de que hay personalidades que eventualmente no encuentran la manera de acoplar sus expectativas. Lo difícil es encontrar el modo de que en lugar de que ambos fallemos, la relación aflore. Pero es posible, sé que es posible…

… y es mejor perdonar.

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Un comentario sobre “Aliento

    OHTOKANI escribió:
    6 junio 2008 en 13:33

    A veces, mi buen Julio, tenemos que regresar sobre nuestros pasos, para darnos cuenta, en nuestras pisadas, que andábamos descalzos. A veces, es necesario volar, para darnos cuenta dónde estamos parados. A veces es necesario perdonar, para sabernos amados.

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