¿El huevo o la gallina?

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Algunas personas me han preguntado que como sigue mi problema con cierto varón, que si ya nos hablamos, que si ya nos llevamos bien. O me preguntan que si aún me afecta mucho el comportamiento de alguna mujer mayor que yo,  la cual asumen es responsable de que uno ande con el corazón destrozado. Ambas cuestiones me parecen curiosas, ya que supongo que asocian que en cuanto existe una diferencia o una situación tensa lo inevitable es el rompimiento, el enojo, el distanciamiento, que si alguien tiene el ánimo caído invariablemente será por una desilusión amorosa, que si dos personas se interesan por una tercera invariablemente viene el triángulo amoroso que acabará por lo menos con uno de los involucrados y que la persona en discordia será irremediablemente la responsable del desajuste emocional de los otros dos sólo por ese hecho.

Todo muy esquemático; sucede a menudo en las relaciones del trabajo, en la escuela, en la familia. Disputamos la atención de un tercero. Todo bajo la misma visión monógama ¿por qué a la gente le cuesta tanto trabajo ver las cosas de un modo diferente? ¿Por qué no pensamos en lo que puede ser posible si nos aventuramos en lugar de hacernos a la idea de asumir que si pasan las cosas bien, y si no, también? Claro, para protegernos. ¿Pero quién nos protege de nosotros?

Es muy fácil esperar a levantar la mano para ver cuando se organiza algo y decir “voy… no voy”. Es más complicado tener el ánimo, el tiempo, la disposición y el gusto por estar detrás de varias personas con agendas ocupadas, con compromisos tan variados para llegar a un objetivo. Que si la distancia, que si e tiempo, que si la boda en San Juan del Quinto Infierno, que si el trabajo, que si los hijos, que si los padres, que si… mil asuntos, que hacen que la diferencia entre razón y pretexto sea muy delgada.


¿Quién es el encargado de dar vida a un grupo, sus integrantes o sus moderadores? ¿De quién debe ser el compromiso constante? ¿Qué tal que los moderadores se vuelven lectores pasivos también? A casi dos años de
Estadio de naipes existir Zócalo Desnudos, me sorprende que no haya otra dinámica de participación. Las cancelaciones han llegado a ser mayores que las confirmaciones para las reuniones, los disgustos entre integrantes debido a la fragilidad de la comunicación y la facilidad con la que cada quien ve lo que quiere ver, la gente que hemos conocido a lo largo del tiempo y que ha dejado de participar porque tiene mejores cosas que hacer, la cantidad de gente que se sale del grupo porque “ya no hay nada interesante” (cierto, por lo menos yo acepto que soy extremadamente ordinario).


Desde que formé el grupo, estuve conciente de que el hilo que le da sustento era como un cristal, así de delicado, transparente y difícil de sostener: mantenernos en contacto y hacer amistad a través de la realización de actividades y reuniones. Los que ya no leen los correos, los que ya no buscan espacios en sus agendas para dejarse ver, los que rara vez o nunca escriben, ¿habrán leído este objetivo? ¿Será también su interés de estar en esta comunidad virtual? Quiero creer que sí, a pesar de todo.


Por ello, valga mi reconocimiento a quienes en algún momento han compartido el sudor y la entrega al intentar organizar proyectos para el grupo, como Ulises, Iván, Paty, Elías y Luis Felipe. Muchos pueden tener la intención de armar algo, pero no todos tienen la persistencia ni se dan el tiempo para llevarlo a cabo, así que en esta reflexión les hago un reconocimiento al empeño que han aportado para ello.

También hay muchos de ustedes que están presentes constantemente, con palabras de aliento, apoyando o estando al pendiente de los avatares personales por correo, por teléfono, en persona. Particularmente, Gaby, Bere, Eunice, Maru.


Este año, tengo la intención de tejer red
es en torno al nudismo y al poliamor, por lo pronto he empezado con este último porque hay un grupo de gente dispuesta a hacer lo imposible por encontrarnos, aterrizar proyectos; en el nudismo, sabemos que la gente está más distanciada, defendiendo sus propias visiones de la actividad. Pero ni toda la actividad del mundo me quita tiempo para poder seguir con ZD, sólo es cuestión de los oleajes por la montaña rusa emocional. ¿Qué va primero, el huevo o la gallina?

3 comentarios sobre “¿El huevo o la gallina?

    Rocío escribió:
    9 marzo 2009 en 21:06

    Vengo de ver, con calmita, las fotos que tienes sobre el evento de tunik. Me parece un pasado a la vez remoto, utópico, cercano y feliz. Todo a la vez. Yo era otra ahí. Sentía distinto. Qué bien que existió como hito. No me da gusto leer que el seguimiento de tu grupo no va chido, creciendo, constante. Ahhh, desde mi solitaria trinchera no tengo recomendaciones, no se “formar” grupos. Tengo pocos y pocas personas en mi corazón. Pero ellas existen ahí constante, latente, fuertemente. Y eso me pone feliz cuando lo considero. Tú estás en mi corazón Julio, alimentas mi felicidad. … No se, ando deseando estar como estoy (solita), estar en un abrazo grande y poderoso (enamorada), estar en mi carne, desde mi carne (lujuriosa)… y el punto es que sólo consigo este estado de pausa que me impresiona. Hay una película muy muy comercial -que dudo mucho hayas visto- pero que al final me gusta (bueno… me gusta toda, es uno de mis vicios) que propone algo: ¡crear reglas!
    ¿Cuándo nos vemos pa platicar a gusto?
    Que no tarde mucho esto en suceder.

    trujillomx escribió:
    17 marzo 2009 en 0:11

    AMIGO, Dices: “yo acepto que soy extremadamente ordinario”,

    Diria yo que eres un sujeto de análisis, para observación y de interes para cualquier antropólogo urbano. A veces las personas que aparentemente son más ordinarias somos las más interesantes.

    Has creado un grupo que se ha sostenido cerca de dos años, y como buen padre/madre creo que has cuidado muy bien de el, y aqui sigue con vida.

    Como miembro Zocalero, pienso que somos como el aire, y ZD en ocasiones inhala y se llena de miembros, exhala y solo se queda con el aire necesario para subsistir. A veces pasa atras de un microbus y aspira aire sucio, pero ZD tiene buenos pulmones y se limpia de la mala vibra.

    Como miembro acepto que soy un poco intermitente, pero eso no es motivo de desanimo mi querido amigo. ZD en ocasiones me inhala tres segundos, recorro su cuerpo y me alimenta, me llena, me transforma. Y cuando me exhala, lo hace con mucha fuerza que me hace parecer que me he desconectado, pero lo que no sabes es que ZD no solo es hacia adentro, también es hacia afuera. Personas que ZD no conoce son tocadas por su aire. Hablo con mis conocidos acerca del grupo y despues de un tiempo me preguntan por ustedes, quieren conocerlos, quieren saber de nuestras actividades que como nos integramos personas tan distintas, y me preguntan ¿Cuando los volveras a ver? Siendo el eje principal del grupo el tema de la desnudez, no es facil que se quieran integrar, no han podido asemejar o superar el tabú de la desnudez.

    Habemos quienes no sabemos organizar nuestro tiempo y es por ello que no le damos el lugar que debe a ZD, a veces tambien es la situación $$$, pues en ocasiones no tenemos ni $20 pesos para salir.

    Otro punto de vista de un servidor acerca de ZD, es que es un hospital, y generalmente llegamos solo en situaciones de emergencia, cuando nos paso algo o nos sentimos mal. Tambien cuando vamos a visitar a un paciente (apoyar a nuestros amigos) y pocas veces participamos como enfermeros, doctores o cirujanos que estan al pendiente de que el hospital este abierto ante cualquier emergencia, para cuando alguien lo necesita.

    Julio, me da gusto escucharte o leerte decir:
    “ni toda la actividad del mundo me quita tiempo para poder seguir con ZD, sólo es cuestión de los oleajes por la montaña rusa emocional”.
    ME DA MUCHO GUSTO, porque con ZD has transformado la vida de muchos y pocos lo pueden hacer.🙂

    Poca cosa « Memorias de un cadáver andante escribió:
    19 abril 2009 en 17:05

    […] ha dejado de importarme ZD. Creo que no quedó nada claro lo que escribí el mes pasado respecto al huevo o la gallina. O tal vez este amigo no lo leyó. O aunque lo lean y lo entiendan se les olvida que también uno es […]

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