Dermis

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No hay parte alguna de mi cuerpo que me resulte representativa. No lo había notado, tuvo que plantearse este tema para que me saltase a la vista. La insatisfacción respecto a mi físico podría ser la única constante, antes por estar muy flaco, ahora por estar panzón, reseco, canoso y semicalvo.
Es que hay más guirnaldas para vitorear.


Tal vez la única bondad de haber subido notoriamente de peso hace unos años, tras ser despedido de Blockbuster, fue que crecieron de tamaño también mis nalgas, además de que se ensanchó mi pecho y se elevaron mis hombros.


Me agrada que me hagan observaciones jocosas respecto al tamaño de mis nalgas (después de todo, es de lo poco que me han halagado de mi físico, aparte de mi estatura). Lo otro que me han dicho que se ve bonito en mí es la sonrisa, pero no la considero parte de mi cuerpo: no es algo que esté siempre ahí, para que se vea evidentemente debo sonreír y no siempre hay motivos o ganas de hacerlo.


Curiosamente, en estos dos años he sonreído mucho, en ocasiones porque se ha gestado de un modo orgánico, por verdadera alegría, y en otras ha sido resultado de un esfuerzo por proyectar algo que permita que los demás tengan la disposición de confluir en espacios y tiempos comunes. Hay ocasiones en que he estado muy dichoso en reuniones pero, al volver a casa, cae nuevamente el peso de la melancolía, el agobio de la libertad.

Con mis nalgas es difícil poder sostener un diálogo, reconocerme en esa piel, no las puedo observar, acaso en las fotos es donde puedo constatar que existen, que tienen alguna forma.


Me gusta que las toquen, me gusta ser tocado en general, pero hace mucho que no hay caricia alguna de un tacto sensible. En su lugar, un tipo ha manoseado un par de ocasiones haciéndose el gracioso, más gracia le dará, si lo vuelve a intentar, ser el desahogo de la furia que ha generado. Que sea torpe no disculpa su pendejez.


Finalmente, no hay rastros de epidermis ni polvo de huesos que puedan ser rememorados en un cuerpo que persistentemente se hace añicos. Quedan mamparas de pus, nudos de nervios, poleas de fibromas que el tiempo no bebe.

Subsiste la posibilidad de regar mi sangre en su jardín.

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