La culpa nunca duerme

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Después del evento de teatro en el que los espectadores pudimos estar desnudos y del puente bicentenario brevísimo que nos chutamos con particular enjundia aún ando con el reacomodo tras el reciente viaje de cinco días a Guadalajara, el cual fue verdaderamente intenso, ni siquiera encuentro una palabra adecuada para nombrarlo, pero así como hubo momentos plenamente gratos también los hubo muy angustiantes.
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La experiencia de la plática que dimos en el CUCSH de la UdeG fue muy satisfactoria y nutritiva, la participación de los asistentes fue tan chida que hasta con algunos de ellos nos fuimos posteriormente a charlar en una pulcata (ya saben, con lo que me encantan las bebidas embriagantes).
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Total, que siento como si apenas ayer hubiera vuelto de tierras tapatías, es decir, ando como en una especie de túnel del tiempo cañón, me sorprende que ya pasaron más de siete días de haber retornado y como que aún no piso el suelo. Sin embargo, aún en mi vuelo terrenal, el día de ayer me lancé a ver una película al Cinépolis Diana. Fue una coincidencia presenciar cómo se colocó una alfombra roja, ya que se realizó en esa noche la premier de Año bisiesto, de Michael Rowe (México, 2010), película que impulsó para su distribución en cartelera comercial Canana, la compañía de Gael García Bernal, Diego Luna y Pablo Cruz. Ya veremos con cuántas copias sale, se han estrenado recientemente algunas películas nacionales en condiciones muy desventajosas y con prácticamente nulo apoyo publicitario pero bueno, eso ya es cuestión de otra entrada.
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El caso es que entré a ver Wall Street: El dinero nunca duerme (Wall Street: Money never sleeps, Oliver Stone, Estados Unidos, 2010), secuela de El poder y la avaricia, del mismo Stone (Wall Street, Estados Unidos, 1987), la cual ni siquiera he tenido la oportunidad de ver, por lo que antes de ver el filme original ya vi la secuela. Como sea, no hace falta ver la primera película para entender el filme que está en cartelera, en la trama dan los datos necesarios para conocer el pasado del protagonista y su pasado sólo sirve para dimensionar que antaño fue un hombre que tuvo mucho poder, quien ahora pretende de alguna forma resurgir de entre sus cenizas.
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El filme es interesante, sobre todo en su primera mitad, cuando aborda la crisis por la especulación financiera tejida alrededor del mercado bursátil hace un par de años, el mero mole de Oliver Stone, aunque particularmente en el último tercio el guión empieza a hacer agua, cuando se centra en los conflictos íntimos de los personajes para terminar con un final feliz terriblemente convencional, que resulta inverosímil. Shia Labeouf da frescura y sutileza a un joven corredor de bolsa ambicioso en tanto Josh Brolin otorga el peso histriónico con una muy consistente interpretación para hacer convincente el contrapeso dramático a Michael Douglas, quien parece no haberse enterado de que había sido contratado para actuar.
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En una de las escenas, el personaje de Labeouf y el de Carey Mulligan, que son novios, deciden separarse; en una posterior, Labeouf busca a Mulligan para entregarle una nota, ocasión que aprovecha para recordarle que la extraña y se va. Ambas escenas, de corta duración, aunque resultan nimias en el contexto del entorno financiero que pretende revelar el filme en primera instancia, fueron para mí reveladoras. Ya me había sucedido al ver Sólo un sueño (Revolutionary Road, Sam Mendes, Estados Unidos, 2008), el hecho de tener una especie de mal viaje catártico-déjà vu bastante desgarrador, como verme al espejo y reconocer los monstruos que en algún momento se desataron.
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Ayer, sentí que de pronto me terminaba de caer el veinte de qué fue lo que hice mal con mi mítica ex-relación, aunque tuvieron que pasar tres años para que pudiera comprender por qué la separación, esto implica que fue hasta ayer que vi claramente qué otras cosas pude haber hecho y cuán mal se pudo haber tomado lo que en alguna determinada situación consideré, muy erróneamente, que era lo apropiado para nuestra relación. Me dolió terriblemente darme cuenta de lo miope que fui, de lo irracional que fue suponer que una disciplina marcial era lo conveniente para que la relación se afianzara, que yo debía ser firme e inflexible para lograr que ella diera el salto que yo creía que tenía que dar. Estaba en el plan de construir la relación de pareja que yo quería, por tanto, necesitaba que ella fuera diferente a lo que era su personalidad y cercana a lo que yo quería que fuera, intenté cambiarla en lugar de no perder de vista que si estaba con ella era precisamente por lo que sí era, por lo que sí pensaba, por lo que le gustaba, con todo y yerros, que en realidad eran mínimos.
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Me convertí en un monstruo agresivo, indolente, demandante, inexpresivo, duro y soberbio, creyendo en determinado momento que ella debía demostrarme que podía revertir lo que en algún momento me manifestó (“es un infierno vivir contigo”, algo que me dolió mucho y que me dejó en un espasmo emocional, ya que me sentí devaluado por ella y creía que me tenía que hacer creer que realmente no era cierto lo que me había dicho), hacer algo para que yo desestimara que eventualmente no había cumplido un mismo acuerdo en dos ocasiones, al cabo de varios años y con diferentes personas, que no era firme en sus decisiones, que no le daba importancia a mis molestias y que no le daba peso a las situaciones adversas de sujetos que puedo pensar cuestionables. Asumí que debía ser su maestro-entrenador, algo que ella no me pidíó y que no era mi papel. Aún con los años que dejé de verla, no tuve claro la última vez todas las cualidades que en ella puedo apreciar y agradecer.
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Ciertamente, es pasado, aceptar la pérdida ha sido complicado pero más aún reconocer -siendo que me creo una persona inteligente- cuánto me equivoqué en lo que pensé y en lo que por consecuencia actué. Ahora, debo asumir que perdí a la compañera incondicional de mi cinefilia, a mi cómplice musical, a la intrépida que podía atravesar la ciudad para ir a ingeniárselas con el fin de sacar un libro de la biblitoteca que yo requería, a quien encantadoramente podía ser amiga de mis amigos y la cual incluso podía gritar animadamente un gol viendo un partido de futbol. Creo que demostré que no pude corresponder a todo eso, que no supe valorarlo.
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En estos tres años lo importante ha sido reencontrarme emocionalmente y encontrar un camino para mi redención. Creer mínimamente que, si no pude hacer oportunamente algo por mi vida, hoy día ayude  a que los demás siquiera puedan reflejarse en un espejo y evitar, si así lo consideran, tener una alternativa para replantear su vida, para expandirse emocional y fraternalmente, para liberarse.
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Por tanto, el objetivo de ZócaloDesnudos lo he centrado en crear amistad con quienes vivimos un momento tan estremecedor como resultado de la desnudez (si nos lo permitimos), en lugar de centrarlo en algún otro aspecto específico o temático -incluido el nudismo-, permitiendo que se pueda hablar de cualquier cosa y de cualquier tema, la idea es impulsar la reflexión y la argumentación como contraposición a la denostación y/o la descalificación irreflexivas y también tendiendo, de mi parte, a ir eliminando el paternalismo ideológico o conductual que distingue a los grupos, cuyos integrantes se asumen bajo una guía.
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Por ello, el empeño en elaborar también un mínimo activismo para hablar del poliamor, para proponerlo, dejarlo en la mesa y que cada quién pueda ver en sí mismo lo más que se autorreconozca de estos patrones de conducta enfermizos en los que hemos crecido, de estos parámetros contradictorios donde el amor y el odio conviven entre la cursilería, los estereotipos asumidos y el mercantilismo. Poliamor y nudismo para mí son dos aspectos hoy día de libertad personal y respeto a las otredades que son no sólo una cuestión de práctica eventual, sino todo un cambio de paradigma, algo que cuesta mucho trabajo que la gente pueda observar en su totalidad.
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Así pues, aún a estas alturas, duele reconocer cómo eché a perder lo mejor en mi vida.
…Lo que pude vivir, ya lo viví…
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Un comentario sobre “La culpa nunca duerme

    guillermo gatti escribió:
    28 noviembre 2010 en 19:25

    Lindisimo Blog,prometo seguirlo. Aprovecho para presentarles el mío que recien inicio.

    http://palabraskruzadas.wordpress.com

    Que lo disfruten,gracias por el espacio, guillermo

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