Comentarios de poliamor 1.3

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A veces leyendo algunas opiniones o comentarios, puedo percibir algo que me parece puede resultar frecuente, el hecho de confrontar todo lo que traemos muy arraigado porque así lo hemos aprendido y en ello hemos crecido, con la propuesta poliamorosa, la cual representa un cambio muy fuerte que, por tanto, no todos quieren o hallan cómo hacerle, así que al estar en medio de ambas se puede armar un tutti-frutti bastante extraño, en el cual se pueden leer cuestiones que reivindican libertad con otras que parecieran negarla.

Poliamor: libertad-diversidad. Para empezar, creo que es básicamente importante ubicar que el poliamor, antes que el hecho de amar a más de una persona, es un reconocimiento de la libertad de los demás y de la mía para decidir respecto a nuestros actos y, por ello, de a quiénes amamos y de cómo lo hacemos, al decidir reflexivamente nos hacemos responsables de nuestros pasos. También pareciera sencillo así pensar que a personas con situaciones y momentos de vida diferentes habrá amores e interacciones distintas, lo cual no lo hace mejor ni peor, simplemente así es, por lógica, no podemos amar a dos personas y hacer con ambas las mismas cosas, hablar de las mismas cosas aunque se hablen de los mismos temas. No se trata de homogeneizar, sino precisamente de aprender a nutrirnos de estas diferencias y construir a partir de ellas.

Reglas-deberes-sometimiento. Por lo mismo, creo que podríamos hacer un esfuerzo grande por evitar reproducir términos que pertenecen a la educación en la que nos hemos malformado para poder realmente visualizar situaciones de vida distintas, así ya no habría necesidad de volver a hablar de reglas y de que alguien se esté sometiendo. Efectivamente, hemos crecido en un mundo donde nuestras figuras de poder, llámese padres, maestros, autoridades, nos acostumbran a limitarnos y a imponernos sus criterios, de acuerdo a lo que consideran que está bien, de tal suerte que entonces “debemos” cumplirlas, llegar antes de tal hora, ir a tales compromisos, hacer tales tareas… en lugar de consensar con nosotros nuestras tareas, nuestros horarios, no se nos fomenta la autodeterminación y, en consecuencia, la responsabilidad reflexionada. El poliamor pretende precisamente que demos un paso a un lado en esta inercia a la que nos hemos acostumbrado para empezar a hacer algo diferente, ya no tener que obedecer ni tener que ser obedientes, no hay necesidad de reproducir modelos de sumisión, nadie tendría por qué ganar o perder al exponer nuestros deseos, por ello, el verbo consensar cobra relevancia ya que se trata precisamente de considerar lo que los involucrados quieren y poder llegar a los mecanismos necesarios para que estos deseos sucedan.

Comunicación-consenso-acuerdos. En una relación monógama convencional, platicar de que existe otra persona podría suscitar una frase así: “como dices que te gusta alguien más, entonces tú y yo ya no dormiremos juntos porque ya no me quieres o me quieres menos”; mientras que en una poliamorosa tal vez podría ser algo así: “ahora que sé que te gusta alguien más, reconozco que me siento triste y que me genera incertidumbre, no sé cómo lo voy a manejar pero sé que no quiero detenerte en tu derecho de amar a alguien más, así que vamos a buscar los pasos para que tú puedas estar con esa persona y para que yo pueda manejar mis emociones sin lastimarnos”. Puff, a lo mejor lo estoy poniendo muy esquemático e idílico, pero de alguna manera creo que puede ser ilustrativo de que el poliamor es un cambio en la forma de ver las cosas que se refleja en cómo actuamos y en cómo nos expresamos, por lo menos con las personas en nuestro entorno cercano.

Honestidad-equidad-compromiso. Sergio ha mencionado que, para él, el poliamor consta de tres elementos básicos que engloban a otras características: honestidad (que incluye la disposición a comunicarnos, a decir lo que sentimos, lo que nos duele, lo que queremos pero también lo que proponemos), equidad (que todos los involucrados tienen los mismos derechos y las mismas posibilidades, de acuerdo a sus necesidades y capacidades que quiera desarrollar) y compromiso (el deseo de establecer una relación continuada a largo plazo, que puede o no resultar así pero que por lo menos se plantea con esa perspectiva desde el inicio, no como algo pasajero). Así pues, la palabra compromiso es susceptible de interpretarse y hay que entender que no siempre nos referimos a lo mismo. Para mí, el compromiso refleja lo que Sergio ha mencionado y también el hecho de que soy yo de quien parte la iniciativa, la disposición y el interés por estar lo más cerca posible de la persona a la que amo, sin que esto quiera decir que ella tenga que hacer lo recíproco, que yo la ame no la obliga a tener que hacer algo para mí, si yo esperara eso mi amor seguiría siendo condicionado, tal cual nos ha enseñado el amor romántico, por tanto, hay que hacer un reconocimiento de nuestras expectativas y de que nosotros somos los únicos responsables de generarlas sin que los otros tengan que verse obligados a cumplirlas.

Codependencia-desapego. Igualmente, no comparto el hecho de considerar que el compromiso se refleje en el grado de atención o cuidados que la otra persona me provea, eso sigue reproduciendo el modelo individualista en donde valoramos a los demás a partir de lo que son capaces de hacer por nosotros; un cambio notorio es que en el poliamor seamos nosotros quienes asumamos que, al ser a nosotros mismos a quien compartimos, somos nosotros los generadores de cosas, en nosotros están las posibilidades y que el otro es un ser con intereses diferentes y algunos similares con el que podemos armar algo común a partir de los puntos de encuentro, sin olvidar que habrá puntos de desencuentro, lo cual no implica que debieran suscitar peleas. Esto es, no buscar en la pareja seguir con el papel paternal o de hijo, esta relación protector-protegido, que me parece fomenta más la codependencia. El poliamor, al proponer que nos podamos reconocer como personas libres y autónomas, nos llevaría a manejar el desapego, que no quiere decir desinterés por las personas, sino más bien el hecho de no asumirnos como extensiones del otro o necesitados del otro, de tal suerte que podamos tener proyectos de vida conjuntos pero también algunos en donde cada uno se desarrolle individualmente, de acuerdo con sus propios intereses.

Poliamor: cambio de vida-rupturas-reconstrucción personal. Ahora, aquí viene una parte muy importante, cuando se comenta que se debe aceptar a la persona con su vida que ya tiene construida y no buscar cambiarla, esto es cierto, no es el otro el que deba “cambiar” la vida de alguien, sea el nuevo amor o el de mucho tiempo, se trata en realidad de que al transitar a un proyecto de vida poliamoroso o a asumirnos poliamorosos aún sin tener pareja, necesariamente esto implica cambios muy profundos, que afectan nuestras dinámicas de vida cotidianas, nuestros pensamientos, nuestras decisiones, marcan un antes y un después y esos cambios pueden ser incluso muy bruscos y muy, muy dolorosos. Tal vez esta es una parte que poco hemos abordado y que creo que algunos no han considerado mucho, dado que a veces nos quedamos con la onda de que sólo se trata de un asunto de ligar a otra persona y ya. Si se tratara sólo de eso, no haría falta que existiera el grupo Poliamor en México, por ejemplo.
 
El abordaje de estos cambios de un sistema en el que nos ha enseñado a ser de determinada manera para girar a una perspectiva donde las relaciones, las conversaciones, los acuerdos, tienen que ser necesariamente diferentes es materia que nos ocupa porque ahí es donde radica el centro de nuestras propias revoluciones, incendiarias, explosivas y disidentes. Si no disintiéramos de esta forma en que nos hemos educado, entonces se trataría simplemente de reproducir lo que ya sabemos, estas relaciones jerárquicas, el status quo impuesto por la tradición de un esquema de felicidad ligado a un modelo único de familia (matrimonio, patrimonio, hijos, perro, casa, auto, escribe un libro, planta un árbol), por lo que tratamos de comentar las posibilidades de salirnos de este arquetipo, sea total o parcialmente, para construir interacciones diferentes, familias diferentes, involucramientos amorosos diversos. Primero hablamos de nuestros deseos y de nuestras posibilidades, al consensar establecemos los mecanismos adecuados para los involucrados y las responsabilidades que cada quien asumiera por convicción, no por lo que se asume que es parte de lo que se tiene que cumplir.

Cohabitar-vivir separados. Entiendo que particularmente para las parejas que han ya convenido un matrimonio resulte aún más complejo identificar cómo generar circunstancias diferentes, con otros parámetros, para no tener que ver como mayor o menor importancia que haya alguien con quien compartes cotidianeidad a que haya otra persona con la que compartes momentos. Podemos reconocer que no todas las relaciones al iniciar implica que los involucrados comiencen a cohabitar juntos ya que hay relaciones en las que transcurre mucho tiempo para que esto suceda; igualmente, iniciar una segunda relación no obliga a que el nuevo tenga que vivir con la pareja establecida como tampoco indicaría que tuvieran que vivir los tres por separado, simplemente hay que dar oportunidad a que cada relación se desarrolle a su propio ritmo y con sus propios procesos. Algo complejo, pero que podemos ir visualizando, seguramente.

¿Hacia dónde queremos transitar?

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