…Pero mi nave se averió

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Después de 2 años con 7 meses de haber perdido contacto con mi excompañera de vida, para mi extrañeza me encontré con el imperioso deseo de buscarla. Resultaba algo muy raro e inquietante puesto que durante todo este tiempo cada vez que la recordaba no podía evitar el sentimiento de rabia, el cual yo estaba convencido se trataba de desprecio puro. Repentinamente sentí una gran necesidad de estar bien con todo el mundo, de sentir que, si eran mis últimas horas sobre esta tierra, yo estaba en paz con ella, que podría llorar en mi hombro. O simplemente encontraba en mi estado emocional perturbado un pretexto ideal para reconocer que quería volver a verla. Así que me di a la tarea de llamar a casa de sus padres, adonde ella volvió tras nuestra separación.

Sin embargo, habían mutado de línea telefónica por lo cual me contestaba una tipa con voz de poca amistad que me hizo dudar si efectivamente era cierto lo que me manifestaba o se trataba de un argumento de su familia para no comunicarme con ella. Entonces recordé la empresa donde trabajaba; como se trata de una cadena de tiendas era difícil saber si aún seguía en la sucursal donde yo supe por última vez que laboraba o si ya la habían cambiado, incluso si aún seguía trabajando ahí. 

Bendito internet, localicé el directorio de las tiendas con los respectivos números telefónicos. Llamé a la primera que venía en la página electrónica pero sonaba ocupado. Después de insistir marqué a la siguiente sucursal donde para mi consternada emoción contestó ella. Traté de estabilizar mi voz (aún sin emitir palabra alguna la sentía frágil). Le espeté: ¿Karina? –Sí. –¿Karina Juárez? –Sí. -¿Sabes quién habla? -…Sí. Y ya me puse a explicar para qué carambas me comunicaba. Lo había pensado con anticipación. Seguramente querría saber la razón para hacerlo, no creo que sea algo habitual que la gente busque a sus ex parejas para quedar en buenos términos. 

Además, debo mencionar que fue una curiosa y bienaventurada coincidencia que ese día ella tomara el auricular del teléfono, ya que, aunque seguía laborando en aquella empresa, ya no estaba como gerente del local, sino como supervisora de varias sucursales, razón por la que justo en el momento que marqué estaba de paso visitando dicha tienda en Plaza Loreto. 

Así pues, ante los caprichos del azar surtiendo efecto a mi favor, había reconocido las tres razones para sustentar mi deseo de concertar un encuentro: primero, porque quería decirle que ya no sentía ningún coraje hacia ella, que no había sido sólo culpa de ella que la relación terminara sino que ahora podía ver que hubo cosas en las que yo también me equivoqué y no lo había querido aceptar, de tal manera que no sintiera más el peso de la culpa, situación que tanto le había afectado; segundo, que ya tenía unos meses que me había entrado la curiosidad por saber qué habría sido de ella, por lo cual tenía un interés sincero por saber cómo estaba; y, por último, quería decirle que, independientemente de que lo considerara o no, pretendía manifestarle que podía contar conmigo, con lo cual dejaba abierta la posibilidad de propiciar una amistad. 

El día que nos vimos parece que ella no iba preparada para escuchar sobre todo esto último. Aún sin conocer mis razones, las cuales por supuesto no le dije por teléfono, no creyó que yo propusiera continuar viéndonos, lo cual no pareció desagradarle. Pero, como siempre, había un prietito en el arroz: ella tenía novio… un novio que, por cierto, se había sentido bajo mi sombra, dado que cada situación que ellos vivían él tendía a considerar de poco valor para ella, puesto que daba por hecho que ya le habría sucedido conmigo. 

De tal forma, contra lo que pensé, el principal obstáculo para restablecer una relación con mi ex novia no sería ella misma sino su pareja. Yo ya había considerado que ella pudiera estar casada y con hijos así que creo que de alguna manera iba preparado para lo peor. Obvio es que no lo deseaba. Pero la posibilidad de rechazo era muy probable así que había que anticiparse. 

Cuando llegó la vi con la cara más redonda, de tal manera que me quedé con la sensación de que había aumentado ligeramente de peso, lo cual no implicaba que abandonara su efigie delgada. Se tiñó el pelo de un tono rubio, se lo dejó crecer hasta los hombros y su rostro me pareció aún más hermoso que antes. Me sorprendió ver que ya conducía un automóvil propio, el cual tenía alrededor de dos semanas de haber sacado de la agencia. Ascendimos al vehículo sin saber qué destino tomar, llegamos al parque México que está muy cerca de donde nos encontramos y de ahí partimos a un restaurante próximo porque amenazó la lluvia. El tiempo se pasó muy rápido, las luces del lugar me hacían sudar más de la cuenta, me sentía como en locación. 

Saliendo de ahí nos dirigimos nuevamente a su auto y antes de abrir la puerta me abrazó, algo que no me hubiera siquiera atrevido a soñar. Me trajo a casa, como émulo de “ceniciento”, y aún para mayor sorpresa mía aceptó entrar al apartamento. Nos quedamos todavía largo rato charlando, ya era muy tarde, o muy temprano (como se quiera ver), así que insistí en que no era conveniente que se fuera. Para terminar de maravillarme aceptó quedarse. Cuando se fue a acostar la tapé con una colcha. Por el simple hecho de cobijarla y verla durmiendo nuevamente, creo que no me puedo arrepentir de haberme decidido a romper, siquiera por un momento, mis ataduras. 

Texto escrito el 17 de noviembre de 2005 para una tarea de Taller de guión II, acerca de una vivencia personal.

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2 comentarios sobre “…Pero mi nave se averió

    Mitzuco escribió:
    18 agosto 2014 en 17:06

    hola Julio no quiero sonar aduladora ni falsa, pero de verdad me gusto mucho, apenas leí dos párrafos y estaba inquieta por continuar, me gusto mucho!

    Ist Ericka escribió:
    19 agosto 2014 en 12:18

    Querido Julio: Quiero que sepas que tu texto me tocó el alma. Cuando comencé a leerlo, lo primero que pensé fue formar un grupo de autoapoyo porque me sentí muy identificada con lo que narras. Después… Me pareció uno de esos sueños bonitos, reparadores, en que al tiempo que te limpias alguna lagrimita, descorres las cortinas y dejas entrar por la ventana un poco de fresco sol matinal. Pienso que hay palabras que acarician y hoy las tuyas… simplemente tocaron en mí esa entidad abstracta que algunos llaman alma.

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