No tan buen fin

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Este día pensé que podía darme el lujo de ir -para no variar- al cine a ver alguna de las películas que tengo pendientes por ver, luego de las 72 horas que estuve con la misma ropa debido al viaje que tuve que hacer a casa de mi madre para atender la cuestión de la consulta con el neurólogo, tras los resultados de una tomografía de cráneo que no vaticinan nada bueno.

Así pues, estuve tres días ausente de casa y de mi vida, de hecho. Cuando estoy con mi familia nuclear, en Naucalpan, es como si tuviera que cambiar de chip, de rollo, adaptarme a una provincia urbanizada, en un entorno miserable. Tragedias de la desigualdad social que va comiendo los espacios que deberían estar acostumbrados a la cosecha, a la preservación del ambiente, no a resolver problemas de vivienda para personas que no planearon la familia que hoy día tienen. Y que se reproducen indiscriminadamente, inconscientemente.

Por ello, luego de la calmada tensión que existe alrededor de lo que le puede estar sucediendo a mi madre, pero que aún no sabemos a ciencia cierta, volví a casa para atender la limpieza no sólo de mi persona, sino también de mi ropa (maldita costumbre de que se ensucien las prendas que llevamos puestas).

Total, que este lunes feriado gracias a una revolución que, efectivamente, nos revolvió sin dejar bien cumplidas las promesas de igualdad y justicia social que algunos de la bola sí perseguían, se me ocurrió ir al cine, a ver un par de películas de las que quiero ver (más por rigor de investigación, que porque de verdad me interesen sobremanera). Por esa razón, me dirigí a Forum Buenavista, el mega centro comercial que está justo en la estación del tren suburbano en donde tuvieron a bien abrir un Cinépolis (¡genial!) aunque con una gerencia que se ha caracterizado por ser funcional pero poco servicial (¡nefasto!).  Tenía posibilidad de ver las películas que, por el simple hecho de ser nacionales, tienen interés para mí: La vida precoz y breve de Sabina Rivas, de Luis Mandoki, así como Morelos, de Antonio Serrano; aparte, las películas distribuidas por las majors: Operación Skyfall (Skyfall), que me interesa más por el hecho de ser dirigida por Sam Mendes y contar con la actuación de Javier Bardem, que por tratarse de una cinta del agente 007, y Argo, que ha estado en festivales, a pesar de estar dirigida por Ben Affleck, del cual espero que sea mejor director que actor.

Sin embargo, al llegar a la plaza noté que había un chingo de personas, mientras más caminaba más personas parecían salir de quién sabe dónde, ya luego de caminar lo que parece un equivalente a tres cuadras de largo para llegar al fondo del mentado centro comercial, estaba seguro de que este lunes 19 es el día en que más personas congregadas ahí he visto, convocadas por el ocio y el pasmoso aburrimiento que un día de descanso adicional a los del fin de semana deben haber propiciado en las familias, las cuales alegremente hacían caso a ese pretexto fomentado por el pendejo de Felipe Calderón para alentar el consumismo a favor de los empresarios. Fue realmente espeluznante darme cuenta cómo la gente responde a comprar como sinónimo de bienestar, de crecimiento, de felicidad. Qué horror, ni a quién irle…

Seguramente como no tenían nada qué hacer en sus casas, pensaron parejas, grupos de amigos jóvenes y familias que ir al cine era una buena forma de gastar el tiempo que les restaba para aguantarse juntos, por lo que en el vestíbulo del cine había una cola larguísima que me hizo recordar las filas como en Six Flags. Como resulta que ya me desespero muchísimo como para ya ni formarme en la cola de una tortillería, mayor razón tenía para huir de semejante aglomeración humana.

Ya resignado a no ver películas, salí del centro comercial y atravesé Insurgentes para presenciar desde un puente peatonal el mar de autos que se dirigían del norte hacia el centro, algo sumamente inusual a esa hora cuando ya ha oscurecido. Animado ante tanto movimiento en la calle, me fui caminando al Sangrons para comprar la revista catorcenal que se supone colecciono… pero resulta que ya cambió la edición en venta ¡y se me volvió a pasar la fecha para comprar la edición impresa! Algo que me sucede con cierta frecuencia en los últimos años, pero que antes rara vez me pasaba, olvido las fechas, no corro a comprar en cuanto salen a la venta las revistas que aún adquiero.

Con el éxito no obtenido, aproveché que ya estaba cerca de donde me he cortado el pelo para pasar a ver si había suerte y estaba abierto, lo cual resultó cierto aunque no contaba con que habría gente siendo atendida y ya quedamos en que no me gusta esperar, por lo que me fui a buscar otro local, sin muchas opciones disponibles, así que me metí a una peluquería donde una señora, que se tardó más tiempo en arreglarme las patillas que en trasquilarme las zonas donde sí me crece el pelo (le pedí que me cortara lo menos posible del frente y de la parte superior, que es donde me ando quedando pelón, ouch).

Saliendo, como no era tan tarde, aunque en Santa María la Ribera se sentía bastante calma, que hasta parecía ser más noche, me decidí a caminar hacia Reforma, aunque no sin algo de flojera. Pasé al hotel Compostela, detrás del monumento a la Madre, el cual me hizo recordar un episodio sexual de una persona muy importante en mi vida, que hoy día ya no veo. Si las calles de la colonia San Rafael estaban poco transitadas, sobre Reforma era notoria la ausencia de gente caminando. Incluso, al pasar el semáforo que está en el cruce con Río Sena, el cual es el paso para la calle de Génova, no había nada, nadita de personas, algo que sí fue sorprendente ya que he pasado por ese punto incluso a las 4 de la madrugada entre semana y me consta haber visto a caminantes aún en esa hora en la que en la mayor parte de la ciudad no hay actividad.

Finalmente, llegué a Cinépolis Diana donde, para mi conocida mala suerte, resultó que no había en ese momento ninguna función cercana de las películas que quería ver… y tampoco había fila alguna, los chavos de las tres taquillas disponibles estaban mejor platicando entre ellos. ¡Qué diferencia!  Y sólo son unos kilómetros de distancia los que separan a Buenavista de la colonia Cuauhtémoc, pero ahí en la glorieta de la Diana Cazadora sí se respiraba un ambiente de domingo que ni parecía que apenas fueran las 8 de la noche.

No vi filme alguno, pero por lo menos caminé y disfruté la ciudad en una ronda nocturna solitaria no planeada.

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3 comentarios sobre “No tan buen fin

    Amedar Consulting Group escribió:
    20 noviembre 2012 en 19:49

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    Maria Cristina Vargas Guerra escribió:
    21 noviembre 2012 en 12:00

    Mi querido Julio César, como suele suceder cuando leo tus correos, el del revolucionario 20 de noviembre es magnífico, me agrada la forma de compartir
    tus vivencias, adornadas con la sinceridad que te ha caracterizado desde la formación
    del grupo del cual me siento parte de esa familia aún sin participar de lleno (vacío?), pero en cambio me entero y disfruto como el día de hoy en que he leído una por una tus narraciones, sintiéndome transportada a tu lado recorriendo los lugares que citas
    y haciendo un despliegue formidable de escenografías imaginarias, de personas
    ajenas y desconocidas unas y otras nó, hablando de títulos de películas interesantes y al inicio describiendo al municipio de Naucalpan en toda su cruda realidad, caray,
    qué manera tan propia y excelente la tuya que en solo unos minutos me has hecho
    navegar imaginariamente en tus trayectos, tanto que pensé que iba a tu lado!!!!
    Sin duda eres un magnífico cronista y solo quiero terminar dejándote todo mi afecto
    y cariño deseando que la salud de tu mamá rebase los diagnósticos médicos, que
    muchas veces por fortuna no suelen ser tan acertados! Abrazos y muchas gracias..

      Julio César Jerez respondido:
      25 noviembre 2012 en 12:11

      Muchas gracias por tus palabras, Cristina. Como de costumbre, eres sumamente amable conmigo y me da mucho gusto que te sea grato leer mis debrayes y peroratas.
      Espero que estés muy bien y, a pesar de la distancia, recibo tu afecto enviándote un fuerte abrazo muy fraternal.
      ¡Muchos saludos!

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