No dejes que llegue la noche

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Esta noche no tuve un sueño, sino cuatro. ¡4 en 1! No sé si me había pasado antes pero, como no tengo en la memoria algo similar, no dejo de pensar que fue delirante. Desperté agitado cada vez que terminaba una “escena”. Estos fueron los sueños:

1. Yo estaba junto a una especie de presa, en cuya agua la gente nadaba y que fluía cuesta abajo en la orilla ubicada en el extremo opuesto, como yo no sé nadar no me metía, y junto a mí estaba mi papá (que no tenía el físico de mi verdadero padre), adentro estaba una niña que era mi hermana (la cual tampoco tenía parecido físico con ninguna de mis hermanas) y, repentinamente, era absorbido por la corriente de agua, le decía a mi papá que se estaba ahogando pero él ni siquiera se movía, dijo que no me preocupara, que en cualquier momento saldría de regreso y permaneció inmutable. Yo, desesperado, a pesar del miedo de no saber nadar, me metí al agua y me dejé arrastrar por la corriente, al caer se llegaba a una especie de canal angosto y largo que topaba con una especie de hoyo en el que yo ya no cupe, me quedé atorado, y ahí sentí los pies de mi hermana, la saqué del agua con grandes esfuerzos por tener que hacerlo contra el peso de la corriente que caía en ese punto y, al lograrlo finalmente, se encontraba ya cerca del punto en donde mi papá estaba parado, sin haber vuelto a subir la pendiente por la cual había caído anteriormente. Mi papá sólo se nos quedaba viendo, confiado, y sonreía.

2. En este sueño yo me veía de unos veintitantos años y estaba junto a un conocido, no recuerdo si era un amigo o mi primo que vive en Monterrey, el caso es que estábamos buscando un lugar dónde vivir e íbamos de noche a ver un cuarto que rentaba un hombre, con cara de maldito y ropa de “Leatherface” que nos recibió cortante, al entrar a la construcción que parecía estar en obra, nos llevaba por un costado de la misma, en donde tuvimos que caminar con gran dificultad sosteniéndonos de una tubería pegada al muro para poder bajar a la parte trasera, punto en el que se encontraba un cuartucho con techo de lámina. En ese punto, lleno de grandes piedras, al sentir peligro hablábamos de la forma en la que podríamos salir, mientras el tipo sacaba un machete con el que nos amenazó, así que corrimos para resguardarnos aunque sabíamos que no había escapatoria, pronto se acercó a matarlo a él primero y sólo permanecía estupefacto viendo cómo me convertiría en taquitos de suadero.

3. Abordé una unidad de transporte colectivo, una mezcla entre microbús y combi, en la que poco antes de llegar al punto donde debía bajarme pagué mi pasaje tramposamente, indicando que había subido en un sitio más cercano del que realmente venía, el cobrador dudaba de lo que yo estaba diciendo y se me quedaba viendo de tal forma que me puse nervioso, con lo que se aseguró que estaba mintiéndole y me cobró de más; al reclamarle por sentir que estaba abusando e indicarle ahora sí dónde me subí exactamente, ascendió Angélica, una amiga ex compañera de la secundaria, momento en el que coloqué mis manos debajo del asiento, en donde encontré un plástico que contenía hojas de horarios de turnos en Blockbuster, luego me percaté de que había unos dos o tres paquetes grandes llenos de papeles extraídos de los archivos de la tienda, lo cual me hacía reclamarle que los hubiera hurtado, ella se puso nerviosa al verme furioso sabiendo que en ese momento acudiría a acusarla con la policía.

4. Llegaba con mi mamá y con mi hermana Cynthia a un cuarto de adobe en un pueblo perdido en alguna parte, del cual salí para dar la vuelta en la que me encontré a Karina, me impactaba hallarla allí, en ese lugar tan apartado de todo, además porque justamente la intención de ese viaje era para que yo pudiera olvidarla; después de reclamarle que se alejara y que me hubiera retirado la palabra, ella se disculpaba y reconocía que había tenido acciones que me lastimaron, por su sentida sinceridad la perdonaba y, entusiasmados, nuevamente reiniciábamos la relación. Cuando iba de regreso al cuarto con mi familia, Kar una vez más había decidido irse y dejarme de hablar, lo cual le comenté muy triste y confundido a mis familiares con el fin de desahogarme, de sentirme cobijado, pero ellas sólo atinaron a agachar la cabeza y, para evitar el tema, comenzaron a hablar de otra cosa, provocando que me sintiera profundamente abandonado e incomprendido.    

 

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