Stalin está vivito y coleando | Un hilito de sangre

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Stalin está vivito y coleando, texto de la columna Un hilito de sangre, transcrito de la revista Mosca, número 2, septiembre de 2013.

Por Eusebio Ruvalcaba 

Todos los padres, o cuando menos el noventa y nueve por ciento, son refritos de Stalin. Sin haber escuchado su nombre, lo imitan hasta en su modo de ponerse de pie. Hay una intolerancia en la actitud paternal que les jode la vida a los hijos. Con el pretexto de que tiene que alejarlos del mal camino (ni él sabe cuál es ese camino), impone sus reglas y sus desvaríos. No hay padre que se siente a pensar si está en el camino correcto, hasta que ya es demasiado tarde. “¿En dónde di la vuelta equivocada?, se dirá apesadumbrado. Porque en primer término nunca dejó que su hijo tomara decisiones. A cualquier cosa le ponía un pero. Eso marca a un chavo. Se siente con un bozal en la boca. Con la correa de perro al cuello. En lo que parpadeas se pasa la vida. Así, en cosa de instantes ya pasaron veinte años o treinta o hasta cincuenta. Y conste que no estoy hablando de que seas gay, porque ahí las cosas se complican. Para que un progenitor entienda y admita eso, el planeta tiene que girar en sentido contrario. Aunque sea una vueltecita en U. Porque él se asume como un hombre absoluto, como la imagen más fuerte de la hombría. Y la sola idea de tener un hijo homosexual lo desquicia. Así que lo más conveniente para el chavo es permanecer enclaustrado como una ostra. Encerrado en sí mismo. Hibernar como los osos, no importa que no sea invierno. Porque el invierno lo lleva en su alma. Es el invierno que siente todos los días. Aunque la temperatura esté a treinta y cinco grados. El hijo tiene que crecer al molde del padre. Es el único modo de que éste se sienta orgulloso. Por eso, los progenitores le ponen el nombre del padre al chavo. Ahí empieza la copia fotostática. Lo más difícil para un padre es adaptarse a su hijo. Porque se le inculcó lo opuesto: a los chavos hay que aplicársela. Deben ser como el padre dispone que sean. Y no de otro modo. Por eso, los oficios se heredan. Y ahora, los vicios. Hijo de sastre, sastre. Hijo de jardinero, jardinero. Hijo de abogado, abogado. Hijo de médico, médico. Hijo de luthier (constructor de violines), luthier. ¿No los Stradivarius sumaron generaciones, como los Amati? Ciertamente, los padres les enseñan a los hijos a ganarse la vida, les ponen la mesa. Pero no basta con esto para fraguar un camino. Es mejor crearlos a la elección de ellos. Cuando menos el día de mañana que se quejen de su suerte, se les podrá decir “tú escogiste, a mí ni me metas”. Es exactamente lo que pasaba con los matrimonios arreglados de antemano. Que el chavo busca el visto bueno del papá. Es natural. Y la mayor parte de las veces tiene que pasar por encima de la madre -Stalin en mujer. Lo más triste de todo, es que el hijo reproducirá esas conductas nefastas. “Qué bien se siente ser un ojete”, se dirá en sus momentos de intimidad, cuando meta a su hijo en cintura por cualquier minucia. Entonces el mar se le hará chiquito para echarse un buche de agua. 

mosca 2

Porque el ejercicio del poder vuelve miserables a los de buenas intenciones. Ése es el principio del poder stalinista. Cada quien lo suyo, siempre y cuando me toque más. Siempre y cuando pueda herir el orgullo de alguien. Total, mi hijo va a sentir feo, pero el día de mañana me lo va a agradecer. Hay quien dice que las cosas están cambiando. Si pudieran rascar el corazón de un hombre verían la realidad. Mala onda.

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