Empatía

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Un momento muy doloroso en la vida (por lo menos en la mía ha sido el mayor) puede ser cuando la persona amada decide irse. Quedamos con una sensación de abandono tan brutal que nos permite darnos cuenta -tiempo después- hasta qué punto no estamos habituados a la soledad y a hacernos cargo de nosotros mismos, con gusto. Quizá en ese momento es cuando la compañía resulta más necesaria, un gesto que nos haga percibir solidaridad y aprecio, recibir algo cuando nos sentimos con un enorme vacío. Como amigos, tal vez falta que lo tengamos presente, los tránsitos de dolor es cuando sabemos en quién podemos apoyarnos cuando desfallecemos, cuando no queremos saber nada o no identificamos cómo tener un mínimo aliento.

Soledad lìquida

En su oportunidad, hace años, hice una petición a algunos amigos, pues en las noches siguientes a la partida yo no quería dormir solo con mis monstruos, con los fantasmas rondando, y ese llamado lo atendió solo uno, algo que guardo con mucho cariño y agradecimiento, Arturo Garza, justo por el acompañamiento en un tiempo amargo y de mucha tristeza.

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