Maléfica

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La segunda mitad de Joven y bonita (Jeune et jolie, Francia, 2013) de François Ozon, me hizo recordar algo: hijo que no se rebela a sus padres y les hace ver su suerte, cimbrándoles su mundo, arrebatándoles desconcierto, es alguien que no cumplió con lo único que estaba obligado a hacer en la vida.
(Más si lo haces prostituyéndote… sin necesidad, sin culpa).

Esta resulta ser una película más maliciosa (y, por tanto, disfrutable) que ese producto llamado Maléfica: Los fondos digitales del supuesto bosque son más cursis, ridículos y falsos que los de Oz, el poderoso; La Bella Durmiente es más boba que María Mercedes; los humanos son idiotas porque van a luchar contra un hada omnipotente que se los chinga bonito a pesar de que hasta ese momento su inocencia no conoce todavía el daño que pueden hacer (o sea…) y por eso confía en el escuincle con el que flirtea como si estuvieran en una prepa cualquiera; los árboles se humanizan para pelear bien cabrón y hablan otro lenguaje pero necesitan ser halagados porque si su vanidad no se complace también se encabronan; de ahí en fuera todos los demás hablan y entienden el idioma universal de Disney (no, no es el amor, es el inglés); Maléfica y el futuro rey se besan en el bosque mientras transcurre su adolescencia pero las hormonas no los hicieron fajonearse durante esos años, afortunadamente; la princesa de vuelta en el castillo es hipnotizada para ser pinchada como si fuera la niña de Juegos diabólicos; las ruecas fueron aventadas en un lugar del castillo en lugar de haberlas quemado siquiera pa’ hacer una fogatita en alguno de esos 16 inviernos que se atravesaron; la protagonista tiene un look que parece variación de Gatúbela (versión Michelle Pfeiffer) cruzada con el fauno de El laberinto del fauno; ningún humano cruzó el bosque porque Maléfica estaba, se supone, encanijada con ellos, pero el príncipe adolescente atraviesa como si fuera su patio, sin pedo alguno (el otro rey no debía estar enterado de la cólera del hada, obvio, a menos que ya tuviera la intención de deshacerse de su vástago que parece miembro de One Direction) y Maléfica puede haberse emputado un chingo pero eso no quita que su corazoncito de madre surja como el amor verdadero en una escena donde juro que clarito le vi cara de Sara García (nomás porque no lloró que si no, le ganaba a la mismita Libertad Lamarque). De las películas más ridículas que me he chutado y no le encuentro por ningún lado algo digno de tomarle en cuenta.

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