Mes: septiembre 2014

De retrasos, cancelaciones y plantones

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Como me he dado cuenta que el sentido común es el menos común de los sentidos (y yo soy muy sentidote), creo conveniente escribir esta nota para comentarles mi tolerancia respecto a retrasos, posposiciones, cancelaciones y plantones, cuestiones importantes que vale aclarar por la mínima consideración entre personas.
En cuanto a los retrasos, usualmente no tengo problema en esperar, suelo no molestarme cuando alguien se demora y soy muy comprensivo en cuanto a las mil situaciones por las que una persona puede llegar tarde a una cita. Sin embargo, eso no garantiza que no me irrite si la espera es mayor a media hora, no tanto por el retardo, sino por factores eventuales que ahora sí me desesperan, como la cantidad de gente alrededor, el clima, el ruido, mi cansancio, la hora de inicio del evento al que hayamos acordado acudir, etc. Finalmente, para mí, lo importante es que la persona llegue aunque no sea puntual (habiendo evitado, por ejemplo, recurrir a inventar un pretexto para no arribar).
Respecto a reagendar citas, tampoco tengo ningún inconveniente pues sé que luego surgen situaciones de improviso o que hasta llegamos a olvidar compromisos acordados previamente. Dado que creo importante el hecho de cumplir con aquello en lo que hemos quedado, suelo agradecer enormemente que mejor me pospongan alguna cita a que me dejen esperando, en la eternidad.
CallejaPor otro lado, las cancelaciones también las agradezco, si me avisan antes de que salga rumbo al punto de encuentro. Si la cancelación me es informada cuando voy en camino o ya que estoy en el lugar, es molesto pero por lo menos resulta mejor que ya no tenga que estar perdiendo tiempo esperando en vano. Si me cancelan en una ocasión, considero que se debe a una situación imprevista, de última hora; si lo hacen una segunda vez, me parece que podría ser una coincidencia o tal vez no, pero aún me resulta tolerable; empero, si lo hacen por tercera ocasión, y de manera consecutiva además, lo tomo como una demostración triste de desconsideración hacia mi persona y al vínculo afectivo que tengamos. 
Si me cancelan tres citas o si, de plano, me dejan plantado (que nunca cancelaron ni pospusieron el encuentro pero no llegaron, a pesar de haberlos estado esperando hasta una hora en el sitio acordado), pueden irse mentalizando a que no volveré a buscar verlos o a considerar comprometerme nuevamente con ustedes, dado que ambos casos me parecen una muestra muy obvia de desinterés en mi compañía, de falta de compromiso y de antipatía (o sea, cero empatía) hacia mi persona y a la compañía (poca o mucha) que les haya podido brindar. Según yo, esto no es de amigos.
Así pues, ahora sobre aviso no hay engaño, ¿va?
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