Nudismo

Fin de 2010 en Zipolite

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En Espacio Púrpura

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Ayer salí del trabajo con la firme y enjundiosa intención de irme a mi casa a dormir. Después de todo, la noche anterior había dormido sólo una hora y, afortunadamente, no me quedé jetón en la chamba, lo cual habría resultado muy embarazoso e inconveniente. Bajando las escaleras del edificio para ir a firmar mi salida, me llega un mensajito al cel para recordarme la cita para acudir a un programa de radio web, invitación hecha hace una semana y que, la verdad, no tenía en mente. Así que con todo el ánimo de irme a encerrar a mi casita, le mandé un mensaje con la finalidad de posponer mi participación en el programa a Beth, amiga que conozco gracias a que acudió junto con su novia al taller de poliamor que dimos en CU el año pasado.
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Como no obtenía respuesta y me sentía falto de energía, le tuve que hablar llegando a mi casa, obteniendo como respuesta un contundente “no lo puedo posponer,  ya lo anuncié desde la semana pasada”… uta, qué caray, qué hueva, ni modo, por la sencilla obligación de querer cumplir mi compromiso tuve que hacerme a la idea de ir hasta la hermana república de Ecatepec. Y antes de colgarle, un tanto malhumorado por lo madreado que me sentía, le pregunté “oye, por cierto, ¿de qué se supone que voy a hablar?”, respondiéndome que sería acerca del nudismo. ¡Ah, ok! ¿Y qué carajos voy a decir? Ps ni idea… en fin.
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Debido a no sé qué cosas, me tardé aproximadamente 1 hora 45 minutos en llegar. Finalmente, al cabo de una plática en el microbús con mi vecina que iba al mercado, ya que en el metro me había echado una jetita parado (me puedo dormir de pie, en serio), tras perderme tratando de llegar al andén C del paradero en Indios Verdes y luego de ir como centinela observando por dónde me llevaba la combi a lo largo de Vía Morelos, me bajé en el mentado Centro Cívico que era mi única referencia de adonde debía llegar.
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El programa se llama Espacio Púrpura, se transmite los lunes, miércoles y viernes de 5 a 7 de la tarde, a través de Cuadrante Digital, que resulta ser un grupo generador de contenidos que controla algunas estaciones y provee contenidos para otras más y fue hasta estar en la entrevista que me enteré que nos estaban escuchando en las plazas cívicas de Ecatepec, Zumpango, Tecámac, Coacalco, en el estado de México, y de Tizayuca, Hidalgo, además que Beth me comentó que también se difunde en la Central de Abastos de Ecatepec, a través de los sonidos locales, por lo cual la gente que está en esos lugares, así sea de paso, nos estaban oyendo inevitablemente, lo cual me pareció fenomenal y resultó muy grato haber podido platicar un poco de este rollo nudista, aunque me explayé de más en la experiencia de Tunick, asumiendo que tendríamos más tiempo para la charla (no consideré que habría comerciales y canciones, claro).

Quién sabe si las personas que escucharon algo del programa hayan cambiado su percepción del nudismo, dando por sentado que es común el prejuicio hacia el mismo, pero por lo menos el hecho de poder conocer del mismo como una práctica de libertad y un poquito, aunque sea, acerca de lo que la actividad puede fomentar en el individuo, creo que hace que valiera muchísimo lanzarme ayer a la aventura citadina.

La culpa nunca duerme

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Después del evento de teatro en el que los espectadores pudimos estar desnudos y del puente bicentenario brevísimo que nos chutamos con particular enjundia aún ando con el reacomodo tras el reciente viaje de cinco días a Guadalajara, el cual fue verdaderamente intenso, ni siquiera encuentro una palabra adecuada para nombrarlo, pero así como hubo momentos plenamente gratos también los hubo muy angustiantes.
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La experiencia de la plática que dimos en el CUCSH de la UdeG fue muy satisfactoria y nutritiva, la participación de los asistentes fue tan chida que hasta con algunos de ellos nos fuimos posteriormente a charlar en una pulcata (ya saben, con lo que me encantan las bebidas embriagantes).
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Total, que siento como si apenas ayer hubiera vuelto de tierras tapatías, es decir, ando como en una especie de túnel del tiempo cañón, me sorprende que ya pasaron más de siete días de haber retornado y como que aún no piso el suelo. Sin embargo, aún en mi vuelo terrenal, el día de ayer me lancé a ver una película al Cinépolis Diana. Fue una coincidencia presenciar cómo se colocó una alfombra roja, ya que se realizó en esa noche la premier de Año bisiesto, de Michael Rowe (México, 2010), película que impulsó para su distribución en cartelera comercial Canana, la compañía de Gael García Bernal, Diego Luna y Pablo Cruz. Ya veremos con cuántas copias sale, se han estrenado recientemente algunas películas nacionales en condiciones muy desventajosas y con prácticamente nulo apoyo publicitario pero bueno, eso ya es cuestión de otra entrada.
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El caso es que entré a ver Wall Street: El dinero nunca duerme (Wall Street: Money never sleeps, Oliver Stone, Estados Unidos, 2010), secuela de El poder y la avaricia, del mismo Stone (Wall Street, Estados Unidos, 1987), la cual ni siquiera he tenido la oportunidad de ver, por lo que antes de ver el filme original ya vi la secuela. Como sea, no hace falta ver la primera película para entender el filme que está en cartelera, en la trama dan los datos necesarios para conocer el pasado del protagonista y su pasado sólo sirve para dimensionar que antaño fue un hombre que tuvo mucho poder, quien ahora pretende de alguna forma resurgir de entre sus cenizas.
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El filme es interesante, sobre todo en su primera mitad, cuando aborda la crisis por la especulación financiera tejida alrededor del mercado bursátil hace un par de años, el mero mole de Oliver Stone, aunque particularmente en el último tercio el guión empieza a hacer agua, cuando se centra en los conflictos íntimos de los personajes para terminar con un final feliz terriblemente convencional, que resulta inverosímil. Shia Labeouf da frescura y sutileza a un joven corredor de bolsa ambicioso en tanto Josh Brolin otorga el peso histriónico con una muy consistente interpretación para hacer convincente el contrapeso dramático a Michael Douglas, quien parece no haberse enterado de que había sido contratado para actuar.
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En una de las escenas, el personaje de Labeouf y el de Carey Mulligan, que son novios, deciden separarse; en una posterior, Labeouf busca a Mulligan para entregarle una nota, ocasión que aprovecha para recordarle que la extraña y se va. Ambas escenas, de corta duración, aunque resultan nimias en el contexto del entorno financiero que pretende revelar el filme en primera instancia, fueron para mí reveladoras. Ya me había sucedido al ver Sólo un sueño (Revolutionary Road, Sam Mendes, Estados Unidos, 2008), el hecho de tener una especie de mal viaje catártico-déjà vu bastante desgarrador, como verme al espejo y reconocer los monstruos que en algún momento se desataron.
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Ayer, sentí que de pronto me terminaba de caer el veinte de qué fue lo que hice mal con mi mítica ex-relación, aunque tuvieron que pasar tres años para que pudiera comprender por qué la separación, esto implica que fue hasta ayer que vi claramente qué otras cosas pude haber hecho y cuán mal se pudo haber tomado lo que en alguna determinada situación consideré, muy erróneamente, que era lo apropiado para nuestra relación. Me dolió terriblemente darme cuenta de lo miope que fui, de lo irracional que fue suponer que una disciplina marcial era lo conveniente para que la relación se afianzara, que yo debía ser firme e inflexible para lograr que ella diera el salto que yo creía que tenía que dar. Estaba en el plan de construir la relación de pareja que yo quería, por tanto, necesitaba que ella fuera diferente a lo que era su personalidad y cercana a lo que yo quería que fuera, intenté cambiarla en lugar de no perder de vista que si estaba con ella era precisamente por lo que sí era, por lo que sí pensaba, por lo que le gustaba, con todo y yerros, que en realidad eran mínimos.
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Me convertí en un monstruo agresivo, indolente, demandante, inexpresivo, duro y soberbio, creyendo en determinado momento que ella debía demostrarme que podía revertir lo que en algún momento me manifestó (“es un infierno vivir contigo”, algo que me dolió mucho y que me dejó en un espasmo emocional, ya que me sentí devaluado por ella y creía que me tenía que hacer creer que realmente no era cierto lo que me había dicho), hacer algo para que yo desestimara que eventualmente no había cumplido un mismo acuerdo en dos ocasiones, al cabo de varios años y con diferentes personas, que no era firme en sus decisiones, que no le daba importancia a mis molestias y que no le daba peso a las situaciones adversas de sujetos que puedo pensar cuestionables. Asumí que debía ser su maestro-entrenador, algo que ella no me pidíó y que no era mi papel. Aún con los años que dejé de verla, no tuve claro la última vez todas las cualidades que en ella puedo apreciar y agradecer.
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Ciertamente, es pasado, aceptar la pérdida ha sido complicado pero más aún reconocer -siendo que me creo una persona inteligente- cuánto me equivoqué en lo que pensé y en lo que por consecuencia actué. Ahora, debo asumir que perdí a la compañera incondicional de mi cinefilia, a mi cómplice musical, a la intrépida que podía atravesar la ciudad para ir a ingeniárselas con el fin de sacar un libro de la biblitoteca que yo requería, a quien encantadoramente podía ser amiga de mis amigos y la cual incluso podía gritar animadamente un gol viendo un partido de futbol. Creo que demostré que no pude corresponder a todo eso, que no supe valorarlo.
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En estos tres años lo importante ha sido reencontrarme emocionalmente y encontrar un camino para mi redención. Creer mínimamente que, si no pude hacer oportunamente algo por mi vida, hoy día ayude  a que los demás siquiera puedan reflejarse en un espejo y evitar, si así lo consideran, tener una alternativa para replantear su vida, para expandirse emocional y fraternalmente, para liberarse.
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Por tanto, el objetivo de ZócaloDesnudos lo he centrado en crear amistad con quienes vivimos un momento tan estremecedor como resultado de la desnudez (si nos lo permitimos), en lugar de centrarlo en algún otro aspecto específico o temático -incluido el nudismo-, permitiendo que se pueda hablar de cualquier cosa y de cualquier tema, la idea es impulsar la reflexión y la argumentación como contraposición a la denostación y/o la descalificación irreflexivas y también tendiendo, de mi parte, a ir eliminando el paternalismo ideológico o conductual que distingue a los grupos, cuyos integrantes se asumen bajo una guía.
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Por ello, el empeño en elaborar también un mínimo activismo para hablar del poliamor, para proponerlo, dejarlo en la mesa y que cada quién pueda ver en sí mismo lo más que se autorreconozca de estos patrones de conducta enfermizos en los que hemos crecido, de estos parámetros contradictorios donde el amor y el odio conviven entre la cursilería, los estereotipos asumidos y el mercantilismo. Poliamor y nudismo para mí son dos aspectos hoy día de libertad personal y respeto a las otredades que son no sólo una cuestión de práctica eventual, sino todo un cambio de paradigma, algo que cuesta mucho trabajo que la gente pueda observar en su totalidad.
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Así pues, aún a estas alturas, duele reconocer cómo eché a perder lo mejor en mi vida.
…Lo que pude vivir, ya lo viví…

Conferencias de nudismo

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A Caroline, compañera zocalera, se le ocurrió proponernos en ZD que como grupo organizáramos conferencias, que nos documentemos, es decir, que hablemos de la historia de nuestro grupo y lo que hemos leído, así como de nuestra experiencia desde Tunick y propias para hablar del nudismo/naturismo. ¿Dónde? Pues en universidades y centros culturales, el reto es hacer estas conferencias desnudos. Me gustaría que en este foro todos aportemos temas y hagamos juntos el esquema y que a cada conferencia vayan miembros diferentes del grupo (claro, a los que no les dé pena hablar) e invitemos a gente de otros grupos.

La realización de conferencias para hablar del nudismo me parece una muy buena idea. Creo que el aspecto que hace falta en nuestro país es el activismo nudista, para hablar del tema con quienes -como yo hace unos años- no conocen o no creen que el nudismo pueda llevarse a cabo y que ya se estén realizando actividades de este tipo en el país; también con ello se puede informar de los elementos básicos de la actividad, con los que se gane respeto y reconocimiento hacia los nudistas, se fomente la reflexión, se frene el morbo que suscita la asociación de la desnudez con el sexo y, finalmente, exista una orientación respecto al tema a través de compartir experiencias con la gente que eventualmente sienta el gusanito de querer experimentarlo, sobre todo para abrirle el apetito en este sentido a los jóvenes, que son el rango de población que me interesa mucho que se integrara y en el que siento que caben muchas posibilidades, más que con la gente que ya tiene ideas del mundo muy establecidas y arraigadas, que somos los que estamos arriba de los treintas.

Me parece que el aspecto más descuidado es el que tiene que ver con la información y divulgación del nudismo en personas que no lo conocen o no lo practican y que creo sustancial para comenzar un cambio más notorio, que pueda reflejarse. Tengo la esperanza de que los más jóvenes puedan hacer cosas mejores que lo que hemos realizado los nudistas hasta el momento en este sentido; ojalá fuere así.

También es importante que haya un canal para que las personas se puedan ir acercando a los grupos y actividades nudistas ya existentes, los cuales son muy diversos y tienen diferencias a veces muy sutiles entre sí, que definen sobre todo el tipo de eventos que les interesa. Para alguien que no conoce, supongo que puede ser muy difícil identificarlos. Creo yo que ya hay suficientes grupos nudistas, afortunadamente, y que hace falta trabajar con mayor efectividad para la colaboración mutua, respetando precisamente sus diversidades y propiciando la integración. De hecho, la experiencia en la divulgación del poliamor a través de los talleres, conferencias, entrevistas, pláticas y reuniones ha sido sumamente gratificante, no dudo que hacerlo al respecto de nudismo pueda serlo también.

De lo que no estoy muy seguro, es que para ello tuviéramos que recurrir a estar desnudos en la conferencia, no sólo es el pudor o la sensación de vulnerabilidad de quienes estuvieran al frente dando la charla, sino también el hecho de que, aunque la gente vaya a informarse del tema, puede no hallarse muy receptiva a tomarlo con agrado, dado que la desnudez para algunos puede implicar la sensación de ser violentados, simplemente por una cuestión cultural, que se ha permeado en nuestra formación a lo largo de nuestras vidas. Esto habría que ponerlo en la balanza, independientemente de que me parezca una idea atractiva.

No sé cómo podríamos establecer los lugares donde realizarlas, por lo menos para poliamor siempre ha sido porque nos han buscado y nos han ofrecido ya espacios muy concretos. Se aceptan, pues, ideas 😉

¿Qué es Zócalo•Desnudos?

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Vivimos en una sociedad acostumbrados a etiquetar y a cobrar identidad a partir de la pertenencia a las clasificaciones definitorias. Librarnos de esta costumbre resulta un proceso complejo, por lo menos para escoger las etiquetas en las que nos queremos insertar y redefinirlas a partir de nuestra propia experiencia de vida, en lugar de que sea la inercia social la que nos determine y constriña. No todos quieren realizar este proceso. En estos tres años, mi aprendizaje de vida me ha hecho desestimar cada vez más la necesidad de tener definiciones, pero noto que tal vez varios tengan la inquietud de tener claro un marco para el grupo.

Desde mi perspectiva, están en lo correcto quienes creen vehementemente que Zócalo•Desnudos es un grupo nudista y también quienes afirman lo contrario. Desde el comienzo del grupo se armó la primera polémica precisamente porque, inocentemente, asumí que todos los que estuvimos aquel 6 de mayo en el Zócalo estábamos a favor de la experiencia nudista, dado que fue un evento grato el de ese día. Sin embargo, hay quienes lo vieron como una cuestión excepcional en sus vidas e, incluso, hay quienes a pesar de haber estado desnudos no dejaron de ver a la desnudez social como un acto negativo. Quienes creyeron eso salieron del grupo en aquel entonces.

De los 137 miembros suscritos actualmente a ZD, 129 estuvimos presentes aquel día para la instalación en el Zócalo, de los cuales sólo 2 no estuvieron desnudos en la plancha, ya que una compañera estuvo en la organización y otro compañero no tuvo oportunidad de ingresar; los 8 restantes que no estuvieron en el Zócalo en esa ocasión, ingresaron al grupo porque han estado con nosotros en alguna de las reuniones donde hemos estado desnudos. Así que todos los que estamos en ZD hemos estado relacionados, aún sin conocernos, en alguna experiencia que ha implicado la desnudez, lo cual no vuelve nudistas a las personas, ya que el nudismo se asume, creo yo, a partir de que la persona manifiesta el gusto y el interés por convivir desprovisto de su ropa. Es en sí, un acto de apropiación y de liberación que implica un andamiaje emocional, el cual en ocasiones no ha sido previsto por quienes se lanzan a ello y que en otras ocasiones se hace a partir de la experiencia, no antes. Para otros, se trata de un proceso muy sencillo que refuerza procesos de vida ya recorridos.

Por ello, ZD es un grupo de personas que se asumen nudistas, de otros que no se dicen nudistas pero que se animan a hacerlo con nosotros y de varios más que no se identifican con el nudismo. Esta diversidad me parece sumamente interesante y el empeño ha sido que, a pesar de las diferencias en los puntos de vista, podamos convivir y equilibrar nuestras opiniones en aras de una construcción colectiva.

Mi objetivo al contactar a todos los zocaleros posibles era la de mantener la comunicación por medio de la virtualidad y la de conocer y convivir en persona, por medio de reuniones de todo tipo, a los seres que se encuentran detrás de cada monitor. Basados en esto, las posibilidades de interacción me parecen infinitas, la única limitante somos nosotros mismos. Con el paso del tiempo, he notado que hay personas que se sienten muy a gusto solamente como lectores de este foro, así como quienes ni siquiera leen los correos y los que, en la medida de nuestros tiempos, nos damos la oportunidad de leer, opinar, disentir, proponer y/o asistir. A mí me encantaría seguir conociendo y conviviendo con las personas que radican, por lo menos, en el Área Metropolitana de la Ciudad de México.

Viéndolo en perspectiva, creo que ha sido sumamente interesante que hemos podido realizar reuniones nudistas, tertulias literarias, excursiones, comidas, festejos y otros tipos de reuniones. Al ser un grupo que no se reduce a un tema, cabe la oportunidad de hablar de cualquier aspecto de la vida, lo cual por lo menos para mí resulta estimulante, conocer no sólo cómo son físicamente los otros zocaleros, sino también como piensan, sienten y viven, a través de las coincidencias y también de los debates.

En el grupo he asumido dos riesgos: el primero, relativo al desgaste que puede implicar las relaciones interpersonales entre los miembros del grupo, que dependen de que las personas se lleven bien entre sí o se enemisten. Alguien al principio me sugirió que prohibiera que se dieran los noviazgos al interior del grupo, lo cual me parece que es algo que no se debe ni se puede coartar. A veces no tenemos las herramientas para resolver nuestras diferencias de la forma menos áspera, pero sin duda cabe la facultad de que se tejan vínculos de afecto y de empatía entre quienes conformamos el grupo, lo cual es una construcción que posibilita la colectividad.

El segundo, tiene que ver con la no moderación de los mensajes, ya que algunos podemos encontrar la forma para hilar nuestras ideas y externar argumentos, mientras otros escribimos impulsivamente, alimentados más por la emoción que por el razonamiento. La moderación de los mensajes permite filtrar aquellos correos que vayan en contra de lo que se ha pretendido no fomentar en el foro, pero también implica el juicio sesgado de quienes tenemos el encargo de aprobarlos o rechazarlos.

Para mí, ZD es un grupo como la vida cotidiana misma, conformado por singularidades muy diferentes, nutrida de una diversidad que permite la confluencia en las posibilidades de encuentro, en el que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de sus actos y de su habla, por lo que mi apuesta ha transitado sobre el hecho de que seamos cada vez más conscientes de las posibilidades de cómo nos comunicamos que sobre un paternalismo vertical que dicta y que provee seguridad y protección. Sin duda, mi experiencia participando de estructuras horizontales, proporciona por lo menos alguna visión de cómo la responsabilidad y la reflexión individual nos pueden conducir a un camino de respeto grupal. Respeto, no tolerancia, es lo que creo que cualquier miembro puede aportar y recibir en todo entorno donde se desenvuelva.

Cuando aprendemos a manejar nuestras emociones, hallamos también las herramientas para encontrar los puntos de contacto y evitar las confrontaciones que pueden producir desgaste. Creo importante no perder de vista que un grupo también se nutre de las diferencias, dado que la polémica y el debate no son iguales a pelea o argüende, sólo que estamos tan poco acostumbrados, como sociedad, a la autocrítica que cualquier cuestionamiento que nos confronte nos puede parecer violento y hasta agresivo. Desearía que podamos modificar esto y ver como una oportunidad los planteamientos que nos lleven a identificar, como un ejercicio individual, por qué y cómo estamos en ZD y en el mundo.

¿Nudismo en el DF?

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Esgrima

Algunas personas saben que llevo más de un año intentando persuadir a varios chavos para que se avienten a vivir una experiencia nudista, algo que ha sido muy complicado por lo insconstantes que son los jóvenes y por la dificultad para romper el tabú. La desconfianza, la pena, las distancias, las ocupaciones, los benditos permisos de los padres (“mientras vivas en esta casa harás lo que yo diga”) no son factores que favorezcan para nada un acercamiento. Pero ahí vamos, muy poco a poquito. Para ello, lo primero que tuve que hacer fue asumir que soy nudista, sí, nudista, que me desnudo con otros y eso me gusta, me nutre. ¿Cómo se puede explicar? Es más, ¿para qué explicarlo?

Me caga la gente que acude o piensa en acudir a reuniones nudistas para exhibir su mirada como si estuviera en el departamento de carnisalchichonería de cualquier tienda de autoservicio, como si fuera el espectáculo de medio tiempo con las vaqueritas brincando para satisfacer el ego de machos ridículos. Me chocan las mujeres que sienten que deben tener un hombre al lado que las proteja de estos depredadores rapaces que nunca faltan, como si no tuvieran en sí la capacidad de frenar una personalidad enclenque.

He podido comparar las divergencias que existen entre diferentes puntos de vista de lo que se cree que debe ser el nudismo, desde el nudismo casero (nomás en casita, no les vaya a dar un aigre), el nudismo en parejas (por equilibrio de géneros, como si fuera torneo de balompié), el nudismo familiar (para que las esposas no se pongan celosas de no saber dónde anda su marido), el naturismo (para sentirse validado por el hecho de volverte, por un momento, la hojita del árbol que levita). Ojo, no es que cada una de estas prácticas nudistas sea mala, sino las razones que se usan, a veces ridículas, para no sentirse sucios por practicarlo, para justificar nuestro gusto por realizarlo, para finalmente limitarnos aún en la desnudez. Y con esto tampoco digo que entonces vayamos a hacer puras orgías, eh, lo aclaro para aquellos caballeros que se sienten donjuanes en reserva.

Llevo algún rato intentando encontrar espacios dentro de la ciudad donde poder hacer reuniones nudistas, lo cual se plantea no muy sencillo por muchas razones, y parece que recientemente se ha abierto una propuesta que podría ser adecuada; aún falta checarla.

Aquí es donde entra la pregunta: ¿habrá quienes quieran estar en lugares cerrados un rato, reuniéndonos por el simple gusto de encuerarnos, sin morbo, sin restricciones de género?

El concepto de mi cuerpo desnudo

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La desnudez, la desnudez… ¿qué será la desnudez?

Buena pregunta.

Estoy escribiendo esto y otra vez no tengo ni puta idea de qué voy a hacer.

A ver, paremos, ¿se trata de la desnudez en general?

No, ya me han dicho que es acerca de la mía.

¿Pero a quién carajos le importa mi desnudez?

…Bueno, ya me dormí, se supone que debí haberme despejado…

pero nada.

Convivir con mi desnudez ha sido algo sencillo en realidad. Tal vez los años que ya llevo durmiendo desnudo han ayudado.   Creo que lo significativo ha sido en realidad

el descubrimiento del desnudo en colectivo, de pronto hallarme en medio de otras personas que, con un simple acto, pierden sus armaduras.

Verme entre un mosaico de cuerpos que sólo portan su piel.   Sentir que al hacer

a un lado las prendas se pierden esos años de conflicto en asumir la propia imagen, siglos de acumulación de prejuicios que con finura se van depurando para envolvernos en la vorágine de la indecencia, del pecado y, finalmente, en el de la culpa.

Tal vez por ello, surge esa sensación de despojo.

Tal vez por ello, pueda empezar a hablar de libertad.

Dejar sentir cómo recorre las espaldas un aire de fraternidad que eriza los sentidos, que aún en la homogeneidad dejamos de ser bultos cotidianos en trance frenético.

Desprender a la desnudez de su asociación con lo sucio.   Mugrosos los cuerpos que se deben bañar para, a través del agua limpia, purificarse.   Cochinos los genitales que requieren retirar las ropas para excitarse y juntarse concretando el apareamiento.

No hay nada, que el simple acto de mi desnudez,

haga revolucionar al mundo.

No hay nada, que el simple acto de mi desnudez,

haya revolucionado tanto mi mundo.

Nuevo México 3