Matar a tu padre y a tu madre

Vídeo Posted on Actualizado enn

Versión original del videoclip

¡Feliz día de las madres! Con esta bonita frase cínica (dado que no celebro el Día de la Madre ni me parece que su instauración en nuestro país así como su mercantilización actual que la motiva sean admirables, por no decir la falsa relación de la maternidad con lo sagrado, por simple santificación de un mexicano promedio tendiente a la culpa y al flagelo) compartí en la red social este videoclip de la canción de David Lynch “Good day today”, el cual me parece un punzante retrato de una típica familia cualquiera, una alucinante muestra de la eficaz forma en la que la familia tradicional devora a sus miembros.

Para mí, no hay maquinaria represora más efectiva que la familia nuclear (por encima de la Iglesia y el gobierno), capaz de limitar, condicionar, chantajear a sus integrantes con gusto, que no fomenta su independencia, su autonomía, sino que incentiva la sumisión, el autoritarismo, el proteccionismo, la jerarquía y la inequidad, formando a los hijos como padres/madres sustitutos de sus progenitores/hermanos/parejas. Solo que los mexicanos somos tan autoindulgentes que creemos que nosotros no somos también estos pequeños monstruos.

Sí, entiendo lo que estás pensando, muchos no identificamos haber vivido en una atmósfera nociva como la que el video representa porque hemos formado parte de ella (alguien de otra ciudad me decía que es como cuando dejamos de percibir el smog en el aire de la ciudad de México porque vivimos a diario en él) y, sobre todo, porque justamente desde la misma familia no nos acostumbran a ejercer la autocrítica y menos aún se tolera la idea de criticar a la sacrosanta familia, donde cualquier abuso es tolerado por el simple hecho de decretar que los progenitores lo hacen por nuestro bien o por el pueril argumento de que en casa de los padres se hace lo que ellos dicen.

La independencia, la autonomía, es el mayor aprendizaje de respeto que alguien puede tener, ya que de la consideración hacia mí parto para considerar a los otros, para entenderlos aunque no los justifique (empatía, no solo simpatía) y es en este sentido que dudo que una familia tradicional pueda ser semillero de propuestas, pero sí creo que desprenderse de esa dinámica puede generar un cambio para una siguiente generación que realmente promueva equilibrios, desde el hecho de poder ver a los miembros de nuestra familia genealógica en sus justas dimensiones e identificar que tomar distancia nos permite crecer, justo ahí creo que es donde está lo importante: distanciarse sin dejar de convivir con ellos.

Finalmente, todos estamos solos, pero nos cuesta lidiar con lo tremendo que puede ser afrontarlo y, por ello, incentivamos pequeñas grandes familias en casas donde la privacidad se pierde, donde no hay consideración de la necesidad de espaciamiento, de que haya un espacio íntimo, personal, para cada uno de nosotros.

El niño protagonista del video, al final, es mi héroe.

Todos deberíamos hacer lo propio.

Versión oficial del videoclip

Anuncios

The big dream (Moby reversion)

Vídeo Posted on Actualizado enn

El amor, perturbador, un sueño inalcanzable…

Love as the big dream

 

Embriagante e inquietante versión de Moby -quien también dirige el videoclip-, con la voz de Mindy Jones, del tema original de David Lynch

Love is the name
in the wind
The wind blows through
the trees and stars

We make a wish
to be
together

This night
when we dream
together
we’ll remember
when we dream
together
the big dream

The time has come
to say the words
we want to hear

David Lynch con Moby y Mindy Jones
The big dream
2013

Te quiero

Minientrada Posted on Actualizado enn

¿Te quiero?Que tu novio/esposo te diga, cuando decides ir sola a una convivencia, a una fiesta, a alguna reunión social: “tienes dos opciones: paso a recogerte y nos vamos o paso por ti y me quedo contigo hasta que nos vayamos”, no tiene precio…
Desgraciadamente, muchos hombres lo siguen haciendo porque creen -y quieren seguir creyendo- que es su derecho, que merecen la consideración de poder condicionar a su pareja, de ser tomados en cuenta como el primer (y, si es posible, único) hombre en su vida, aunque eso, aquí y en China, se llama machismo.
Lo lamentable es que, con el pretexto de que sean amadas, muchas mujeres ceden el control de la libertad de su mente, de su cuerpo, de su vida, y que esa sujeción seguirá pasando mientras ellas nos lo sigan permitiendo, en tanto continúen cuidando a sus vulnerables padres putativos sobreprotectores.

Siempre hay esperanza

Imagen Posted on Actualizado enn

Una de las mejores sensaciones en la vida es abrazar a alguien después de haberle extrañado tanto.

Karina

Telaraña

Posted on

Nuevamente te soñé. Llevo años oyendo que eso está mal, que ya lo supere, que me dejaste traumado y otras frases mecánicas. Poca empatía. Sin embargo, aunque sé durante el sueño que lo que estoy viendo no es real, que estoy durmiendo, cedo a la tentación de despertarme para terminar con la ensoñación y decido abandonarme al gozo que me permite vivir sensaciones que ya sólo en la memoria se mantienen vivas, Loveque en este sueño retoñan como si fuese la primera vez que me engulle la emoción intensa de ver tu rostro, tu sonrisa, de sentir cómo tus manos se acercan a mi cara, a acariciar mi mejilla, de que tu cuerpo se voltee para deslizarse sobre mí mientras recostado observo maravillado los poros de tu piel, mientras voy sintiendo cómo tu cuerpo se aproxima al mío percibiendo tu calor. Vivir eso, aunque sea en sueño, ¿cómo lo puedo explicar? ¿Cómo lo puedo pagar? ¿Quién lo quiere entender?

No me hace falta recibir peroratas. Mi imaginación, mi mente, finalmente sólo me pertenecen a mí y en ellas me permito ser libre, es donde puedo recrear lo que en algún tiempo pude ya vivir, donde puedo crear lo que no fui y externar lo que también soy (aunque no se vea). Permitirme caer en los lugares, en los momentos y con las personas, tanto reales como ficticias, en los que me hunde mi onirismo es una experiencia similar a nutrirme de los mundos lejanos y ajenos que en los que floto aún gracias a que sigo yendo al teatro y al cine. No he de renunciar a lo único que me recuerda que, por suerte -y por no sé cuánto tiempo más-, aún no lo estoy…

Luego, al despertar, se acerca el dilema que ha caracterizado a los fines de semana de este año (una vez librada la batalla del tumor de mi madre): el de encontrar una buena razón para levantarme de la cama. Dan las 10, las 12, llega la 1 y, a veces, hasta las 2 de la tarde, mientras sigo dando vueltas a mi mente, pensando qué sentido tiene pararme. Finalmente, los días se consumen sin hallar la diferencia entre haber permanecido o no acostado. Mejor, debería quedarme dormido.

Una noche con Leonard Cohen | Un hilito de sangre

Cita Posted on Actualizado enn

Una noche con Leonard Cohen, texto de la columna Un hilito de sangre, transcrito de la revista Mosca, número 3, octubre de 2013.

Por Eusebio Ruvalcaba

 

Pocos hombres como yo tienen conciencia –o acaso debería precisar: valor- de lo que voy a decir, pese al juramento de verdad que tengan hecho consigo mismos o a su grado de honestidad probado en el trabajo en las relaciones amorosas, terrenos ambos que exigen cierta entrega. 

Odio a mi madre. 

Odio a mi madre, es algo que me gustaría gritar en medio de una cantina atiborrada de hijos dóciles y educados –como ésta en la que ahora mismo estoy-, de una función de cine para niños donde los mocosos sólo sueltan la mano de su mami para llevarse a la boca un puñado de palomitas o de un espectáculo por el día de las madres. ¿Alguno de ustedes se ha preguntado qué pasaría? ¿A alguno de ustedes le gustaría hacer la prueba? Primero tendría que hacerse un examen de conciencia y atisbar muy dentro de sí, aunque sea con la luz de un cerillo alumbrar ese sórdido interior y descubrir la podredumbre.

La detesto por dos razones. Porque es mi madre, la primera, y porque está viva (porque vive, sería menos brutal de decir), la segunda.

Y aquí no cabe aquello de que matamos todo lo que amamos, de que no he podido sublimar complejos o estupideces así. Si las palabras tienen algún significado es aquel que se manifiesta con su evidencia aplastante y brutal. Te dicen “entra” y entras, así de simple; te dicen “vete” y te vas, así de sencillo; te dicen “cállate” y te callas, así de fácil. Las palabras son las palabras y yo, aquí, ahora y siempre, las utilizo para lo único que sirven: para decir lo que siento y pienso.

Quién no odia a su madre, alguno de ustedes se preguntará por ahí y añadirá por lo bajo: “el tema más trillado del mundo”. Cierto, ¿pero qué ocurre cuando el hijo ha sido educado bajo las imbatibles alas del amor, cuando su madre le cantaba canciones de cuna noche tras noche, le narraba cuentos de prodigio y maravilla, le preparaba sus tortas para el recreo o le almidonaba los cuellos de las camisas, qué sucede entonces? ¿Qué habrá de acontecer en el alma de esa persona cuando en lugar de guardarle gratitud al ser que lo trajo al mundo, sólo tenga por él desprecio, repulsión que se traduzca en odio? ¿Qué tuvo que haber pasado? No sé en el caso de otras personas ni me importa; en el mío, lo tengo claro: odio a mi madre porque me dio la vida.  

Y eso es lo que estoy a punto de gritar. Quiero ver cómo se descompone la cara de todos estos pusilánimes que no ponen en tela de juicio su presencia en este universo. Porque no es cualquier cosa estar aquí. Y no me refiero a las hambrunas o a los incendios forestales, todo eso me tiene sin cuidado. En lo que estoy pensando es en la ignominia que significa ser una persona. En el deshonor, en la degradación que simboliza el desastre de estar vivos. Y estoy seguro de que estos imbéciles se volverán contra mí a golpes. Que ni siquiera pensarán en la posibilidad de que les esté hablando con la verdad. Con su verdad. Quizás una sola voz se levante y me asegure que a quien hay que odiar es al padre. Que le rebata esa apreciación. Lo cual haría de las mil maravillas. Le preguntaría: “¿qué le duele más, que insulten a su padre o que insulten a su madre?” Y cuando me respondiera que a su madre, lo acosaría brutalmente: “¿por qué, por qué?” La respuesta es una: porque nunca estamos seguros de que nuestro padre sea nuestro padre. En cambio, siempre sabemos que nuestra madre es nuestra madre. Por eso digo que ella es la culpable, la verdadera causante de nuestro sufrimiento, de nuestra estulticia, de nuestra miseria.

Mosca 3

Desconozco las consecuencias de esto que estoy a punto de hacer. Les abriré los ojos a todos estos estúpidos. Me escucharán. Por un segundo los aturdiré. Algunos fingirán que no han oído bien o que no es asunto de ellos. Pero cuando identifiquen esa palabra de cinco letras, volverán su cabeza hacia mí. Alguno me dirá que soy un mal hijo y que mi única salvación es el infierno. Otro me dirá que me calme e incluso me ofrecerá una copa. Y alguno más se me quedará mirando desconcertado. Pero sin reflexionar, sin contemplar lo que ha sido ni lo que le espera. Por supuesto que existe la posibilidad de que uno entre todos estos me desafíe a golpes o de plano se levante y me tunda a puñetazos y patadas. Todo esto es claramente posible. Y lo acepto.

Pero si hay uno solo, uno, que por un segundo odie a su madre, que luego de oírme coincida conmigo, entonces me daré por satisfecho.

No sé qué estoy esperando.

¡Una!, ¡dos!, ¡tres! ¡Escúchenme!​ 

Stalin está vivito y coleando | Un hilito de sangre

Cita Posted on Actualizado enn

Stalin está vivito y coleando, texto de la columna Un hilito de sangre, transcrito de la revista Mosca, número 2, septiembre de 2013.

Por Eusebio Ruvalcaba 

Todos los padres, o cuando menos el noventa y nueve por ciento, son refritos de Stalin. Sin haber escuchado su nombre, lo imitan hasta en su modo de ponerse de pie. Hay una intolerancia en la actitud paternal que les jode la vida a los hijos. Con el pretexto de que tiene que alejarlos del mal camino (ni él sabe cuál es ese camino), impone sus reglas y sus desvaríos. No hay padre que se siente a pensar si está en el camino correcto, hasta que ya es demasiado tarde. “¿En dónde di la vuelta equivocada?, se dirá apesadumbrado. Porque en primer término nunca dejó que su hijo tomara decisiones. A cualquier cosa le ponía un pero. Eso marca a un chavo. Se siente con un bozal en la boca. Con la correa de perro al cuello. En lo que parpadeas se pasa la vida. Así, en cosa de instantes ya pasaron veinte años o treinta o hasta cincuenta. Y conste que no estoy hablando de que seas gay, porque ahí las cosas se complican. Para que un progenitor entienda y admita eso, el planeta tiene que girar en sentido contrario. Aunque sea una vueltecita en U. Porque él se asume como un hombre absoluto, como la imagen más fuerte de la hombría. Y la sola idea de tener un hijo homosexual lo desquicia. Así que lo más conveniente para el chavo es permanecer enclaustrado como una ostra. Encerrado en sí mismo. Hibernar como los osos, no importa que no sea invierno. Porque el invierno lo lleva en su alma. Es el invierno que siente todos los días. Aunque la temperatura esté a treinta y cinco grados. El hijo tiene que crecer al molde del padre. Es el único modo de que éste se sienta orgulloso. Por eso, los progenitores le ponen el nombre del padre al chavo. Ahí empieza la copia fotostática. Lo más difícil para un padre es adaptarse a su hijo. Porque se le inculcó lo opuesto: a los chavos hay que aplicársela. Deben ser como el padre dispone que sean. Y no de otro modo. Por eso, los oficios se heredan. Y ahora, los vicios. Hijo de sastre, sastre. Hijo de jardinero, jardinero. Hijo de abogado, abogado. Hijo de médico, médico. Hijo de luthier (constructor de violines), luthier. ¿No los Stradivarius sumaron generaciones, como los Amati? Ciertamente, los padres les enseñan a los hijos a ganarse la vida, les ponen la mesa. Pero no basta con esto para fraguar un camino. Es mejor crearlos a la elección de ellos. Cuando menos el día de mañana que se quejen de su suerte, se les podrá decir “tú escogiste, a mí ni me metas”. Es exactamente lo que pasaba con los matrimonios arreglados de antemano. Que el chavo busca el visto bueno del papá. Es natural. Y la mayor parte de las veces tiene que pasar por encima de la madre -Stalin en mujer. Lo más triste de todo, es que el hijo reproducirá esas conductas nefastas. “Qué bien se siente ser un ojete”, se dirá en sus momentos de intimidad, cuando meta a su hijo en cintura por cualquier minucia. Entonces el mar se le hará chiquito para echarse un buche de agua. 

mosca 2

Porque el ejercicio del poder vuelve miserables a los de buenas intenciones. Ése es el principio del poder stalinista. Cada quien lo suyo, siempre y cuando me toque más. Siempre y cuando pueda herir el orgullo de alguien. Total, mi hijo va a sentir feo, pero el día de mañana me lo va a agradecer. Hay quien dice que las cosas están cambiando. Si pudieran rascar el corazón de un hombre verían la realidad. Mala onda.