Sexo ÷ 3


Mi nombre es Katia, hace tiempo fui una persona bastante tímida, seria y sin ímpetus para probar cosas locas, la vida era tal cual me habían enseñado, las reglas no se podían romper y todo tenía que ser como era y punto, pero un buen día comencé a sentir que había más cosas afuera de mi mundo simple, sensaciones que no había tenido nunca: pasión y aventura; la vida pasa tan rápido que uno no se puede dar el lujo de estar perdiendo el tiempo en cotidianidades, había más… y yo quería verlo.

Katia es una mujer de poco más de 30 años, casada con un hombre al cual describe como amoroso y muy comprensivo, sin él no se ve con el suficiente soporte para salir adelante y como fruto de ese matrimonio existen dos hijos, de los cuales el mayor tiene 13 años de edad. Fue difícil en un principio sacudirse todos los complejos creados a lo largo de los años, pero es increíble lo que uno es capaz de hacer cuando alguien le agrada. Al menos en mi caso pensé que todo el mundo tomaría las cosas tan en serio como yo, pues si bien no buscaba relaciones estables, sí me gustaba la idea de ser importante para las personas, al menos dejar alguna huella aunque sólo fuera un acostón ocasional.

Conocí a un chico menor, con los ímpetus de la juventud y comenzaron las visitas a su casa o a la mía, con candentes sesiones de caricias y arrumacos. Yo, claro, tomaba la “relación” más en serio, y trataba de complacerlo en todo, si mi vida se llenaría de cosas nuevas al menos debía darlo todo para disfrutarlo al máximo pero tal parecía que este modo de ver las cosas sólo era de mi lado, el chico era poco expresivo aunque amable pero todo siempre fue para él, si yo lo llamaba, él no podía, si lo necesitaba, siempre tenía cosas que hacer… pero qué más daba, si las relaciones sexuales con él se volvieron indispensables en mi vida. Era lo que me hacía falta: emociones fuertes.

Katia logró contactar a un joven que operaba un café internet por medio de una sala de chat, sitios de la red en donde los usuarios pueden acceder a un espacio en el cual conversan con otras personas que en el mismo momento se encuentren conectadas al mismo. Este medio parece ser frecuente para el intercambio de deseos como lo establece el psiquiatra y músico español Francisco Traver, quien indaga en las relaciones entre las nuevas tecnologías de la información y lo perverso, desde un punto de vista psicoanalítico.

Traver enfatiza la forma en que el cerebro procesa la información y se pregunta hasta qué punto la vivencia ante un monitor adquiere estatus de real. A su juicio las relaciones por internet se caracterizan por:

1. el anonimato

2. la posibilidad de adquirir diversas identidades

3. la impostura

4. el volcado de fantasías poco usuales

5. la posibilidad de encontrar compañeros con quien compartirlas, es decir, la posibilidad de contactar con un semejante.

Agrega que “las personas conectadas a la red pueden explorar sus tendencias perversas sin temor a ser reconocidas, aun sin haber ejercitado ninguna de ellas (es decir sin ser propiamente perversos), pueden someterse a la prueba de realidad que una conversación perversa pudiera delatarles e introspectivamente averiguar muchas cosas acerca de su deseo, que jamás hubieran osado preguntarse.”

Estas relaciones son perversas por permitir la exploración y el despliegue de fantasías normalmente ocultas y por una experiencia que tiende al límite. “El perverso es aquel que no se conforma con el placer, aspira al goce, a lo que hay más allá del placer. Todos los perversos aunque no lleguen al borde que separa la vida con la muerte, atraviesan el lado oscuro de las cosas, aunque sea sólo en el imaginario, fantaseando y descubriendo –quizá- que pueden llegar más lejos. Todos en este sentido rompen un tabú, transgreden la norma y se sitúan más allá del sexo reproductivo, el único que no está prohibido”.

El miedo del portero ante el penal

César también estableció contacto por un chat, aunque aquí la diferencia es que él no estaba buscando una relación fuera de su pareja sino incluir a un invitado para estar con ambos. Cuando entra una tercera persona en una relación que se supone es de dos, yo podría dividirlo en dos formas: cuando es una tercera persona la que entra a una relación de pareja o cuando te metes en una relación de otros dos. Contrario a la infidelidad que se daría cuando una de las dos personas engaña a la otra persona, en un trío de entrada no hay infidelidad porque se supone que las dos personas lo están aceptando.

César tiene 30 años, muestra una actitud reservada, observa con recelo, no sonríe, cuida mucho la formalidad en sus movimientos y deja suponer el motivo por el cual para su vecino es un tipo arrogante. Bajo esa apariencia austera se encuentra un hombre capaz de coleccionar cucharas de recuerdo de las ciudades del extranjero que se han visitado y combinarlos en la decoración de su sala junto con muñecos de Harry Potter.

César hace memoria de la primera ocasión que acometió la búsqueda de un trío, al hacerlo recuerda a aquella exnovia a la que llegó a proponer matrimonio, se trató de una relación tan estrecha como para compartir nuevas sensaciones. Creo que mi pareja y yo estábamos conscientes del cariño que teníamos, de lo que sentíamos el uno por el otro y por ese lado no era necesario sentir ni un cariño ni una caricia más, ahí sí era el sexo por sexo, simplemente ver qué se sentía estar en ciertas circunstancias, en ciertas posiciones, en ciertos momentos con una tercera persona que incluso es un desconocido. Lo llegas a buscar, le dices de qué se trata, le explicas la situación, igual lo vuelves a ver o no pero no trasciende sentimientos, no llega a involucrarse en la pareja porque precisamente al participar en actos sexuales el deseo de tríos empezó por mi pareja. Ahí sí es donde te mueve más el deseo sexual.

Yo disfruto muchísimo la relación sexual y no creo verlo con esos tabúes de que es algo prohibido. Para mí el sexo es una parte totalmente integrante de la persona, una necesidad si tú quieres pero que no deja de estar en uno, de expresarse y manifestarse como algo increíble porque una buena relación puede ser un acto sublime. Entonces con la pareja llegas a hacerlo pero lo disfrutas tanto que a veces quieres más y es cuando dices “vamos a indagar, a buscarle opciones, esto podría ser más interesante”.

Tan lejos, tan cerca

Katia difícilmente sale hoy día de su casa. Aunque esté sola no siente el deseo de ir a otro lugar, no hay a dónde. Sus esbozos epistolares trazan una curva hacia un páramo de nostalgia. Al cabo de dos años de “relación” las cosas se venían poniendo más intensas, lo de siempre ya no era suficiente, comenzamos a hacer cosas locas en cuanto a posiciones, lugares, comencé a tomar con él, me buscaba de madrugada y siempre vi la manera de acudir al llamado, finalmente me gustaba y me convenía para mis planes de “vivir”.

Un buen día, sin saber cómo, las pláticas comenzaron a tomar otro rumbo, había mas cosas por hacer… como un trío. Comenzamos a hablarlo como la fantasía que todos tenemos, dos hombres o dos mujeres, no se había decidido nada, él claro lo veía como algo de lo más normal, no sé en realidad si ya había tenido experiencias de ese tipo pero definitivamente yo no, y la idea pasaba por mi mente como algo demasiado factible, la culminación de una larga cadena de aventuras; pero como era de esperarse la forma en la que había vivido siempre me detenía, era como decir que sería demasiado bueno pero imposible. 

El tiempo siguió pasando, a ratos parecía quedar en el olvido el tema pero siempre volvía, hasta que un día recibí una llamada pidiéndome acudir. Me encontré con la sorpresa de que ya había tomado la decisión por mí y adentro se encontraba no uno sino dos tipos, claramente aleccionados para un encuentro inolvidable. Mi sorpresa fue en aumento al ir percibiendo la situación, en un principio me dio miedo el cual se fue tornando en coraje, habían tomado una decisión de la que yo no tomé parte lo cual me llenó de rabia y decidí entrar con los otros dos a la recámara, lejos de hacer lo esperado les hice saber que no pasaría nada, simplemente porque no se me daba la gana, me disculpé por hacerlos perder su tiempo (sarcásticamente claro) y salí. Mi chico tenía cara de decepción y coraje, me despedí y me fui.

La sexóloga Paula Solís, del Instituto Mexicano de Sexología, aseguró que el miedo que se tiene para abordar este tema ha ocasionado que no existan estudios al respecto y señala que “se puede deducir que entre 500 mil y un millón de mexicanos padecen este tipo de adicción al sexo, el cual es sólo uno de muchos problemas relacionados a la falta de una educación y planeación de programas sexuales”. Puntualiza que esto es un padecimiento al que antes se le denominaba ninfomanía, en el caso de la mujer, y satiriasis para el caso masculino, cuyos orígenes son 98% psicológicos y 2% físicos.

César habla con mucha serenidad de su experiencia, por lo que se intriga al preguntarle acerca del posible surgimiento de celos. Finalmente la pareja tiene bien definido lo que pretende. El hecho de que llegues a aceptar meter a una tercera persona implica que la relación con tu pareja es estable, que no es cualquier cosa, e igual podría existir ese riesgo de que pudiera despertar sentimientos de celos. Las condiciones con tu pareja se dan en determinado momento, si no están dadas hasta tú lo sabes porque titubeas pues incluso te podrías llevar una bofetada de tu pareja o un “aquí se acaba todo”. Cuando uno de los dos no llega a estar de acuerdo sí puede afectar porque uno está forzando a que suceda y el otro no quiere. No puede ser una decisión unilateral. Incluso si en otro momento de la relación lo llegué a pensar sabía que no lo iba a aceptar o era un tema que simplemente no lo podía tratar. Pero llega un momento en que sabes que lo puedes proponer y que habrá una respuesta afirmativa.

Rocío, una chica de 27 años egresada de la licenciatura de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM, imparte asesorías en un cubículo frío donde me recibe. Detrás tiene un ventanal que deja observar todo el predio baldío que aún es amplio, para la construcción de los edificios restantes y el magno auditorio que se pretende en el transcurso de los años siguientes para ampliar la oferta educativa de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Con una actitud desenfadada inicial, comienza su relato para adoptar una postura firme, seria, serena con la cual asegura que aunque suene muy mamón, la idea de estar en un trío es un marco teórico, surge de la reflexión no del deseo. Yo empecé a reflexionar con una amiga, a ver qué pasaría si estuvieras en un lugar en donde solamente puedes observar… Pues quién sabe.

Entonces surge no de lo personal ni de la ambición de una relación, sino de conocerte a ti mismo, de cómo reaccionas ante una situación. No es importante hacerlo con esa persona sino más bien que quieres conocer con esa persona y con otra más y solamente así es viable saber esto. Cuando surge la duda, ya se fregó el asunto porque lo tienes que llevar a cabo. Por lo menos en esa circunstancia no es que supiéramos que lo íbamos a llevar a cabo sino más bien asumes no quedarte con la duda. Si es posible, si es probable, pues lo llevas a cabo y ya.

¿Tres formas de amar? 

Para César, surge el deseo de tener una relación sexual entre tres personas porque precisamente se sale de lo que pretendes, la intención es meter a una tercera persona que sexualmente contribuya a lo que los dos tienen para un fin específico y no más. Es una persona que la conoces y más allá de las primeras preguntas de a qué te dedicas, qué haces, dónde vives, saber quién es, qué intenciones o enfermedades podría traer, cosas que ya son por cuestiones de higiene o de seguridad, puesto que ves que no haya riesgos de chantaje, finalmente lo que buscas, y lo podrías calificar de materialista, es contar con alguien más que contribuya para algo específico. Lo primero en lo que te fijas es en el físico y en este caso no nos gustaba la gente gordita, teníamos un gusto por cuerpos esbeltos, desde ahí es el primer filtro preguntas qué te gustaría o no te gustaría hacer y cuando ves que justo es lo mismo que buscas pues va. Incluso saber que la persona ya trabaja, tiene una responsabilidad, una ocupación te da un perfil de ella.

Durante el siglo XX -cuando se comenzó a estudiar la sexualidad humana-, los médicos creían que un apetito sexual excesivo respondía a un trastorno físico y que se manifestaba en el deseo de llevar prácticas sexuales mal vistas como la masturbación y las orgías. En los años 20 se añadió un nuevo concepto: el deseo sexual insatisfecho, que definía a un auténtico esclavo de sus apetitos sexuales; un sujeto que no cambia su deseo tras el orgasmo.

Hoy, estas teorías son rechazadas por la mayoría de los sexólogos. La frecuencia de nuestro apetito sexual es una cuestión psicobiológica que depende de cada persona y situación. Por ejemplo, en periodos de enamoramiento, es normal un aumento del deseo.

Otro caso es la hipersexualidad de origen psicológico, llamada sexofilia, un auténtico trastorno mental. El sujeto que la padece no puede controlar sus pulsiones y vive el sexo como obsesión. La sexofilia no debe ser considerada como una patología sexual, sino como una filia psicológica, tal como la adicción al juego o al trabajo. En este caso, se manifiesta con una ansiedad de mantener relaciones sexuales constantes, con una masturbación continua y compulsiva o el contacto sexual con más de una persona a la vez.

¿Y usted qué haría si supiera de un lugar al cual puede acceder pagando una cuota de admisión, donde las personas se disponen a estar desnudas para relacionarse con hombres y mujeres por igual para establecer desde una sencilla plática hasta una relación sexual grupal? Édgar pensó en ello, por lo que se le ocurrió crear un grupo de encuentros para bisexuales y heterosexuales “de mente abierta” con el fin de dar rienda a la imaginación y disfrutar de la actividad sexual.

Édgar es un joven de 24 años, sonorense, que desprende simpatía y es inquieto, el continuo movimiento de sus manos lo deja entrever y esto tal vez se deba a que estudió música y estuvo en una banda musical con la cual, comenta, tuvimos contacto con TV Azteca, nos salimos y entramos a Televisa, nos corrieron, entré un año al ejército, pedí mi baja, entré a trabajar a una empresa y ya cuando estaba en el rollo de armar una nueva banda se dio la oportunidad de entrar a trabajar a un centro cultural, ahí alguien me dijo que una canción que había compuesto para el grupo parecía una historia, que por qué no la hacíamos una obra.

Se me hizo interesante la idea, escribí un guión, a un chavo le latió, estaba produciendo la obra, abandonó el proyecto y me dijeron que si yo la había escrito por qué no la dirigía, lo cual se me hizo un reto, a la gente le gustó y me seguí al frente de la compañía. Nos reunimos cada domingo en la colonia Roma. La gente que está conmigo en el teatro los escojo por talento, hay uno guapo por veinticinco mil feos pero me gusta mucho la gente porque es talentosa. Apenas llevamos una obra y dos eventos y no hemos tenido problemas de difusión. Curiosamente la gente que fue a vernos es heterosexual, el teatro gay está muy viciado, si no hay un desnudo no van y yo estoy en contra de los desnudos y a favor de las buenas obras. De hecho, una preparatoria nos mandó a sus alumnos porque una maestra vio la obra y le agradó.

Las alas del deseo

Rocío tiene pareja, llevan tres años de noviazgo y viven juntos desde hace dos años. Lleva un año ejerciendo como docente en la universidad y mientras conversa, a pesar de intentar mantener la tranquilidad no deja de removerse en el asiento o de voltear la mirada a observar los objetos que la rodean, como el monitor de su computadora, los folletos del proyecto de enseñanza universitaria en los reclusorios del gobierno capitalino, del cual ella participa; toma aliento y habla acerca del hombre en cuestión, era un chavo con el que mi amiga anduvo alguna vez, a lo mejor eran amantes… pero lo más importante es que no causaba conflicto para ella y que en algún momento él y yo no nos fuimos indiferentes. Entonces lo reflexionamos ambas y parece ser que al mismo tiempo pasó la reflexión entre ellos. Se prevenía que no habría un conflicto y eso es muy importante porque todo estaba muy claro de mi parte, quería averiguar algo, no íbamos a tener más que ver. Es como si te dieras un abrazo con una persona, vestida o desvestida, no cambia mucho.

No depende de la persona, depende del abrazo, o sea, que tipo de personas lo pueden hacer. Ahí estaba muy dada la situación porque éramos personas que no teníamos relación de pareja en ese momento, ni queríamos andar con el otro. Mi amiga y yo, a pesar de que nunca habíamos hecho nada, teníamos mucha confianza física, emocional, intelectual. Yo la conocí bailando flamenco. Como no somos ningunas conservadoras había un punto de enlace muy clarito. Partiendo de ahí no puede haber riesgo. Y pues con él simplemente como que intuyes. Qué riesgos va a haber… pues quién sabe. Creo que ahí llega hasta donde quieres que llegue internamente. Como yo me controlo y había buena comunicación con ella y a él lo conocía no había bronca. Lo pensamos un montón de veces, no era posible con nadie más. No había un deseo explícito, de que yo deseara a mi amiga o al otro tipo, pero no me disgustaban tampoco.

En el plan teórico sí fue muy denso en el sentido de a ver qué hace un ser humano ahí, cuando si hay una relación sentimental, o sea, de ella hacia él si la había, se quieren nomás, no de pertenencia ni de pareja. Me excitaba la idea mas que las personas, entonces insisto mas bien era para saber cómo reacciono, lo demás se nos hacía muy banal, ¿qué extraordinario podía pasar?, entonces no hay nada sorprendente. Lo que sí, es que vas a sentir emocionalmente. Ya cuando salimos no hablamos de nada, fue de “ah sí, ojalá hubiéramos tenido mas tiempo”. O sea, antes, durante y después no cambió, siguió tal cual. No hubo una reflexión después. Una muy breve de qué bien que esto se pueda humanamente hacer y no haya bronca.

El doctor Juan Luis Álvarez, director del Instituto Mexicano de Sexología, disiente de las opiniones vertidas por su colega y hace una diferenciación en las relaciones con terceros: “El swinger es básicamente el intercambio erótico, y le ponen un alto a la relación personal, a que haya afecto, a que haya enamoramientos o citas fuera; el poliamor, por el contrario, plantea básicamente una relación afectiva, emocional con varias personas y que puede también ser sexual”.

En tanto para Rocío se trató de una oportunidad para confirmar una hipótesis, Édgar aceptó la opción que se le presentó de manera fortuita: fue hace unos 4 años que un matrimonio en una fiesta se me acercó, ella me propuso estar con ambos y accedí porque el tipo me gustó y fue una experiencia muy divertida. Más que divertido fue muy erótico, muy reconfortante. Exploré cosas que no conocía de mi sexualidad como hacer el amor con una mujer y estar con un hombre y una mujer a la vez. Poder estar con el chavo mientras la chava veía fue algo que me llegó a excitar demasiado. Que la chava nos estuviera viendo mientras él y yo hacíamos el amor es algo muy padre, ver cómo la chava se masturbaba de lo excitada que estaba es de lo mejor que me pudo pasar.

De mi parte no hubo ninguna reticencia a estar con la pareja, siempre he sido muy abierto. Aunque sí hay cosas que todavía me intimidan y que no haría, sexualmente hablando, pero yo siempre he sido muy normal en el sexo. A lo más que he llegado han sido a tríos pero el chavo me gustó y la chava no estaba nada mal. Yo le dije abiertamente que nunca había estado con una mujer en un plano así y me dijo “¿te importa?” Le dije que no y ella me respondió “A mí tampoco”. Ellos estaban casados y tenían como treinta y quihúbole y yo tenía 20. Tomando en cuenta que vivo solo desde los 15 no me intimidaba nada.

No tengo contacto con ellos, para nada. Nos vimos en esa ocasión, después en una ocasión más y ahí quedó. Y no por falta de ganas sino porque nuestra comunicación era por teléfono, fue cuando se dio el cambio de celulares de digital a analógico y yo perdí mi celular, compré un teléfono nuevo y no pude recuperar mi número porque dijeron que era digital, que ya no se podía. Y yo jamás tuve su teléfono, ellos me buscaban.

Sufrir un trío

Mientras que para Édgar y Rocío parecieron ser situaciones sencillas de manejar, las dificultades para Katia se incrementaron al atreverse a asumir su fantasía. Un buen día mi chavo me llamó de nuevo, acudí encontrándome con la misma sorpresa de antes, sólo que esta vez era un chico indefenso, de muy poca edad, 18 ó 20 años a lo mucho, no sé si estaba en un lapsus de hormonas desencadenadas porque la idea no me pareció tan mala, así que me puse a pensar en que tal vez podría ser un buen recuerdo para la vejez, y lo hice, pero esta vez para mí porque mi chico dejaba de provocarme amor y respeto. Fue algo muy extraño pero agradable y decidí realizarlo para mi vida, mi mente y mis recuerdos, no para él, así que me propuse que valiera la pena para mí y para ese chico tan indefenso, que después me enteré, no sé si era cierto o no, que había sido su primera experiencia sexual. Las sensaciones eran extrañas, era como satisfacción pero a la vez sentimiento de culpa, miedo, en cuanto a la seguridad del condón y esas cosas. La condición para hacerlo fue no volver a ver al chico en cuestión.

Pero claro que las cosas no se quedarían ahí, de nuevo al llegar a verlo me topé con un tipo de los dos primeros que se quedaron con las ganas la primera vez, parecía un chico agradable y me tomé el tiempo para tratarlo (unos 10 minutos); la situación fue la misma, de pronto me vi en el mismo dilema y esta vez me pregunté si de verdad quería hacerlo, pensé también en que tal vez no habría otra oportunidad pero esta vez hubo rencor por el engaño y así decidí hacerlo pero dejando bien claro que mi chico tendría que pagar, no en dinero pero sí en trato.  

Me enfoqué en mí y me olvidé de mi chico, haciendo bromas sarcásticas y crueles, disfrutando y haciendo disfrutar pero sólo a uno… tenía rabia, más que antes y esta vez me concentré en enfurecer a mi chico, lo cual conseguí, se puso furioso al ver que no le ponía atención, muy al contrario del otro chico, hasta que nos olvidamos de él, comenzó a sentir rechazo y su actitud cambió, golpeaba al amigo, le pateaba la ropa, etc., hasta que finalmente se vistió y se fue, no sin antes dar la estocada final: hizo un comentario bastante cruel, pidiendo al amigo que se “tapara una mancha”. Yo de momento no le di importancia ni me di cuenta que era el principio de un episodio desastroso para mí. Se fue dejándonos en medio de la madrugada, a nuestra suerte, salimos rogando encontrar un taxi al menos. 

Este tipo de desazones emocionales son considerados como naturales e inminentes para el sacerdote católico Jesús Aguilar, quien agrega que “hay una pérdida de valores, el cuerpo ya no se considera el templo del Espíritu Santo, la sexualidad ya no se considera una responsabilidad que se debe compartir con una sola pareja en un matrimonio. Cuando el cuerpo es considerado únicamente como algo a lo que se le tiene que dar un placer entonces llegamos a comidas y bebidas excesivas, y también, en este caso, a gustos excesivos en el placer”.

A César y a su expareja no se les dio la ocasión para concretar el trío, en el marco de una relación que abarcó siete años de un noviazgo intenso. Sin embargo, tras la separación se dio a la tarea de meterse a las salas de chat nuevamente y proponerle un encuentro a alguna pareja decidida, aunque ahora él sería el tercero, el invitado. Me sentí partícipe con la pareja hetero por la confianza que me dieron y por las ganas que yo tenía, fue rico. Estuve con los dos, de hecho el contacto se dio en la sala de bisexuales del chat. A ella la sentí pasional, nada tímida, al que sentí nervioso fue a él, por eso, quizás podíamos decir que fue ella quien lo planeó o igual él pensó “es tu mujer y el que está en competencia eres tú”. Con ellos no fue mas que establecer el contacto, platicar, de hecho ninguna pregunta fuera del contexto sexual, no trascendió. No sentí ningún interés o no sé si sentí más respeto por una relación heterosexual, si me detuvo decir que ésa es una relación hombre-mujer, siento que me pudo haber pegado lo institucional puesto que la pareja sigue siéndolo fuera del departamento.

El ser humano, como en general todos los animales grupales, posee un cierto grado de bisexualidad, es decir, que siente en mayor o menor medida atracción sexual por ambos sexos, y no sólo por el contrario. De hecho la mayoría de las personas en su infancia y adolescencia ha desarrollado algún tipo de conducta bisexual, aunque luego hayan optado claramente por la heterosexualidad, casi siempre por razones sociales. Así, según algunos autores, la emoción que nos embarga estando con nuestros amigos reflejaría nuestras pulsiones bisexuales reprimidas.

César reflexiona acerca de la distancia que voluntariamente decidió tomar frente a la pareja heterosexual, pues consideró que debía respetarles su imagen ante los vecinos, dado que no quería afectarlos. Aunque esta precaución por guardar las apariencias no se manifestó con la siguiente pareja con la que se involucró, de orientación homosexual. Es chistoso, no es que a la pareja homosexual le haya faltado el respeto pero ahí sí me interesó convivir con ellos. No sé si me dio más confianza saber que te metes a un departamento y de ahí no sale esa situación, ése es el esquema que te da una relación gay.

Trío

Ellos me contactaron, se dieron los encuentros tres veces, yo creo que ya no siguen porque de pronto dejaron de contestar mis llamadas, yo no sentía que hubiera problemas entre ellos pero creo que en esa relación sí había imposición, que uno de los dos era el que quería y el otro accedió. A mí se me hacía muy padre su relación, una pareja compartiendo cosas buenas y malas, me gustaba visitarlos como amigos.

Pareciera que para disfrutar del triángulo sexual, el tercero se deba asumir como un invitado, como alguien que sólo está de paso en la vida de los otros dos individuos y que no pretende sustituir el lugar de ninguno de los dos, mientras que para las personas que se sienten vinculadas a su pareja, con mayor peso cuando ésta ha sido quien ha promovido la idea, resulta un flagelo la experiencia. La siguiente vez que hablé con mi chico nuevamente se fue al ataque, pidiendo otra sesión de tres, pero buscando enfadarlo le pedí llevara al mismo amigo de antes, se enfureció y ahí fue cuando decidió destruirme la vida, en un estúpido comentario dijo que con ése ya no porque tenía sida.

Lógicamente no le creí pero se encargó de hacerlo verosímil, “fue un acto de caridad hacia el amigo” dijo, y así mi vida se convirtió en un caos, la duda taladraba mi cerebro, por más que le supliqué que se retractara no quiso hacerlo, lo sostenía cada vez con más fuerza y era tal su convencimiento que sólo me quedaba algo por hacer… el suicidio.

Mi vida estaba destruida, perdería todo lo que tenía: familia, amistades, a mí misma, y no había más que hacer, no sabía cómo hacerlo, tal vez con medicamentos pues sabía que una mezcla de todos sería fatal. A punto de hacerlo me pregunté cómo sería su vida, me pregunté si estaría muerto en vida como yo y en un arranque lo llamé, quería escuchar su voz, tenía la esperanza de escucharlo triste, desesperado igual que yo, pero muy al contrario de eso, al tocar el tema, comenzó a reír, como seguro no lo había hecho en toda su vida, carcajadas que taladraron mi cerebro y mi corazón. Y así después de tres meses de agonía dijo que era una broma, que su orgullo de hombre se vio herido al ver que le ponía mas atención al amigo, trató de convencerme en medio de mis lágrimas y de sus carcajadas, que todo había sido una estúpida broma para su personal satisfacción.

Llevar a la práctica una fantasía erótica no es un trastorno sexual, a menos que se convierta en algo obsesivo o implique una agresión contra otras personas. “La palabra que define este tipo de comportamiento es parafilia [actualmente, el concepto que se usa es el de expresiones comportamentales de la sexualidad (ECS)] y abarca cualquier comportamiento sexual que pudiera parecernos poco natural. Ningún sexólogo considera ya alguna conducta parafílica como problema, a menos que el sujeto se enfrente con ella como tal, y viva obsesionado con su manía. Otras prácticas poco comunes, como el intercambio de parejas, los tríos o el sexo múltiple (orgías), no suelen ser enclavadas dentro del campo de las parafilias, debido a su carácter episódico y a que raras veces pueden atribuirse a una conducta psicológica anormal”, puntualiza el doctor Álvarez.

El estado de las cosas

César está convencido de que a partir de un buen acostón inicias una buena relación porque finalmente tomas en cuenta que el sexo es una necesidad, lo ves como cuando invitas a alguien a cenar, compartes un espacio con alguien, lo tienes cerca. Si llegas a disfrutar la relación sexual es cuando llegas a sentir más que el deseo carnal y puedes llevar esa relación de agrado a otros terrenos.

No me gusta tener encuentros con primerizos o con gente que va experimentando para no esperarme a que reaccione o a decirle cómo, me gusta que haya iniciativa de ambas partes. Yo creo que todavía puede ser más agradable estar en trío, satisfecho al 100% aún no estoy. En este caso pasó, sé que me gusta y cuando te gusta pues lo vuelves a hacer, vuelves a buscar.

Para Rocío el juego erótico entre los tres no me descubrió nada nuevo. Fue de decir esto así es, esto excita, era muy necesario que estuviera ahí ella, eso fue curioso, fue lo único raro, o sea, no estoy aquí por él ni por el hecho en sí mismo, no, teníamos que estar los tres. Luego fue muy chistoso, él se puso más nervioso que nosotras, como que de pronto el otro reflexionó, dijo ¡ay!, a no sé qué, yo creo que reflexionó qué estoy haciendo, qué significa esto para mí y las dos pues muy tranquilas.

Mi conclusión fue más masculino-femenino, o sea, las mujeres no estábamos buscando orgasmo, no era el placer por el placer y él sí, conservó el “tengo que cumplir”, le dijimos ese no es el punto, si no sabes es tu bronca, claro que después supo. Él implícito tuvo la idea de que tenía que cumplir y eso en el hombre perjudica enormemente, cuando el hombre tiene en la cabeza la idea de “tener que…” lo que sea, ya no funciona. La mujer está más dada a jugar, a regocijarse en su propia desnudez y el hombre tiene que lograr algo para cumplir y decir que salió airoso del combate. Entonces cuando fue muy claro el “ah ¿no?”, como que ya se relajó.

Él tenía claro el objetivo, se desvió por razones sociales y luego ya regresó, se le fue la angustia. Como que los tres estábamos en una etapa de reflexión, yo creo que esto no es el principio de una sexualidad realmente plena, que tenemos la sexualidad hecha añicos, vivimos como el 5% de lo que los hombres y las mujeres realmente pueden vivir porque estamos muy permeados de los tabúes sexuales, entonces no vivimos casi nada; era un pasito porque, aparte, con una vez no vas a concluir nada. Ella sí tenía una pareja, él creo que también, yo no, entonces más bien me habría faltado a mí misma si no averiguábamos eso, aunque hubiera yo tenido a alguien de pareja.

Édgar sonríe, su experiencia parece no haber modificado mucho su visión de las relaciones de pareja. No he hecho un trío con alguna pareja mía. Soy mexicano, soy macho mexicano y mi pareja es para mí nada más. Entonces a mí si me invitan a compartir parejas acepto; mi pareja no la comparto. Soy muy celoso, soy muy inseguro y no lo haría jamás en la vida. A pesar de que manejo un negocio de sexo no soy muy sexual, aunque ahorita no tengo pareja. Tengo un trabajo bastante estresante, me la paso pegado a la computadora, tengo un grupo de teatro, escribo y dirijo mis obras que también produzco, lo último que pasa por mi mente es, a veces, el sexo.

Haciendo un esfuerzo por lograr darle forma a una sonrisa en sus labios, Katia mira fijamente el teclado de la computadora, mientras reconoce que obviamente mi perspectiva de la vida cambió por completo, haberme visto tan cerca de un terrible e irreparable error me hizo comprender que estaba corriendo riesgos innecesarios, que por más que uno se quiera desconectar para formar parte de una simple experiencia, siempre hay algo que se involucra, y creo que para vivir algo así, se debe tener la cabeza y el corazón demasiado fríos, cosa que me negué a tener.

Lamentablemente el daño estaba hecho y el avance que había tenido en mi persona se convirtió en retroceso, volví a ser desconfiada, tímida, seria. La gente me da miedo porque todos hacemos daño de una u de otra manera. La experiencia en sí fue maravillosa pero las consecuencias fueron terribles. Detesto a la gente, si antes me importaba el dolor ajeno, ahora simple y llanamente… ¡me vale! Y hoy por hoy no lo volvería a hacer, no es bueno confiar tanto en las personas y anteponer los deseos ajenos a la propia seguridad, aunque desinflamando un poco el cacahuate, no puedo mas que pensar que lo bailado… quién me lo quita.

Reportaje realizado en 2005


5 comentarios en “Sexo ÷ 3

    KAT escribió:
    11 septiembre 2007 en 3:25

    buenisimo, un buen rato de lectura educativa..

    por lo que a mi me toca..Gracias!

      israel escribió:
      18 abril 2013 en 15:57

      MATEO 5:27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.
      5:28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
      5:29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno

    Don escribió:
    9 octubre 2010 en 12:47

    Nice pics.

      israel escribió:
      18 abril 2013 en 15:57

      MATEO 5:27 Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.
      5:28 Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
      5:29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno

    Los números de 2010 « M3m0r14s d un c4dáv3r 4nd4nt3 escribió:
    21 enero 2011 en 21:54

    [...] Sexo ÷ 3 [...]

Escribe un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s