Solo (desnudo) en el Zócalo


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Crónica de la sesión fotográfica nudista para Spencer Tunick en el Zócalo de la ciudad de México del domingo 6 de mayo de 2007.

Me llegó un correo por el cual me enteré que ya se había conseguido que Spencer Tunick hiciera una fotografía de desnudo masivo en México. Supe de su trabajo hace años gracias a CNI Noticias, donde lo habían cubierto, y desde entonces pensé en lo emocionante que sería vivir algo así; sin embargo, no sabía si mi pena podría permitirme lanzarme a la aventura o me quedaría como un simple testigo de un evento aparentemente tan contrario a la moral cristiana que impera en este país.

Me registré y esperé las indicaciones del día de la instalación como se señalaba en la página web, el plan era asistir con mi novia, la cual cohabitaba conmigo, quien estaba más entusiasmada que yo -aparentemente nada dubitativa- de querer participar. Quién sabe qué hubiera pasado si el evento se hubiera hecho el día originalmente planeado, pero al recorrer la fecha resultó que en ese momento mi relación de pareja ya no existía.

Me levanté a las 3:50 pero, por confiado y desidioso, no había impreso el formato para el registro que llegó por el correo electrónico, así que aún antes de pararme estaba pensando si ir o no. Un amigo se quedó a dormir en mi casa para intentar alejarme por lo menos por una noche los fantasmas que irrumpen mis sueños transformándolos en pesadillas; sin embargo, no pude convencerlo de acompañanrme al Zócalo. Tuve que irme solo. Con mi novia nos hubiéramos ido en su auto (“nuestro auto”) pero ahora tuve que buscar conseguir un taxi. El primero que pasó se negó a llevarme, así que tuve que caminar 1 km para llegar al cruce de Circuito Interior y Calzada México-Tacuba, donde circulaban sucesivamente varios taxis ya ocupados mientras se me hacía más tarde. Faltaban dos minutos para la hora convenida (4:30) en tanto yo me mantenía varado, sin poder conseguir cómo transportarme, por lo que ya pensaba regresarme a casa molesto y desanimado justo en el momento en que, por fin, un taxista sin pasajero se compadeció y me llevó al Eje Central.

Desde que tomamos Av. Juárez me sorprendió ver el tránsito sobrecargado a esa hora, el conductor tuvo que rodear por Av. Balderas para dar vuelta en Artículo 123. Al avanzar caminando por 16 de Septiembre desde la Av. Lázaro Cárdenas, vi la cola que llegaba a Bolívar y que serpenteaba sin dejar claro si eran una o más filas a partir de Isabel la Católica. Fui hasta el frente para preguntar en la mesa de registro si alcanzaría alguno de los formatos que anunciaron que habría para poder registrar a personas que no lo hubieran hecho con antelación, vi varias papeletas en un escritorio colocado en el arroyo mientras los policías sólo me indicaron que me formara a un lado de las vallas de acceso, en una fila que no excedía de 10 personas formadas. Después de unos minutos entré a anotar mis datos tras lo cual pasé muy pronto a sentarme frente al hotel donde darían las instrucciones. Me pareció injusto que en 20 minutos hubiera podido ingresar mientras el resto de la gente esperó más tiempo para entrar, aunque no entiendo por qué detenían el avance de la gente si había ratos prolongados en los que no se observó a persona alguna avanzar, además de que pronto cerraron el acceso por 16 de Septiembre.

Vi pasar las cajas con las papeletas de registro y pensé en que esperaba que le entendieran a mi letra para que me hicieran llegar la confirmación de la entrega de mi foto (no fue así, no aparecí listado, me negaron la foto). Al entrar por el retén hacia el Zócalo supuse que revisarían las pertenencias y catearían lo que uno llevaba puesto, como lo hace el personal de seguridad en cualquier lugar privado de entretenimiento o hasta en eventos, pero la primera sorpresa fue que esto no sucedió; la siguiente es que yo pude haber anotado que me llamaba Benito Juárez y nadie se habría dado cuenta, dado que no revisaron la hoja, sólo la tomaron para mecánicamente depositarla enseguida en una de las cajas. Por cierto, cuando entré vi pasar a dos chavos que cargaban al hombre en silla de ruedas que aparece en las fotos mientras un voluntario le iba mencionando instrucciones agitadamente, de tal forma que parecía regañarle amablemente.

Ya cuando estaba sentado me hicieron recorrerme hacia la izquierda de la calle, para estar cerca de los arcos del edificio de gobierno del DF, ahí no había marcas de líneas de colores en el piso, las cuales nos habían indicado servirían para guiarnos respecto a donde dejaríamos nuestra ropa. Al voltear miré a la gente muy entusiasta a pesar del frío, pero aunque había un buen ánimo yo no me sentí integrado, debo admitir que esperaba en cualquier momento ver a mi exnovia por ahí, lo cual me esperanzaba a la vez que me angustiaba. Cuando salí de casa me dolía la panza, tomé un medicamento contra la acidez estomacal y ya después, en la plancha, al estar sentado esperando, se sumaron el hambre feroz que comencé a sentir y finalmente el tenso deseo de ir al baño, pero nunca me ha gustado ir a los retretes de eventos públicos, así que me aguanté.

Empezó a escucharse algo distorsionado en los altavoces, eran las primeras instrucciones de las cuales no se oyó ni madres del lado en el que estaba, las siguientes fueron para avisar que debíamos desvestirnos, momento para el que ya llevaba media hora de pie, las nalgas se me habían entumido de estar sentado amén de que ya habían atascado 5 de Febrero y la acera del frente del hotel con los últimos participantes que alcanzaron a entrar. Como estabámos muchos de pie, el espacio se volvió más reducido lo cual se notó al momento de tenernos que desvestir, ¡1, 2, 3! En cuanto me agaché para quitarme los zapatos rocé con el cuerpo de quienes estaban detrás, al lado, en fin, como pude me encueré pero lo que me inhibió un poco fue ver la algarabía y rapidez con la que el resto se desnudó, aparte de que no soporto el frío y estaba bastante fresco aún, yo supuse que primero ensayaríamos las posiciones vestidos para saber a la mera hora cómo nos acomodaríamos para las tomas, pero no, a formarse en hileras para cubrir todos los cuadritos de la plaza de la Constitución y a digerirlo de sopetón, sólo me restó esperanzarme a que no me congelaría puesto que habían avisado por internet que no estaríamos mucho tiempo sin ropa.

Al caminar tratando de hallar dónde posicionarme, encontré un espacio cerca de donde empieza 20 de Noviembre en el que no reconocí a nadie de los que estaban a mi alrededor, mi plan era no perder de vista a la gente que había estado cerca de mí en donde nos desnudamos para poder encontrar rápido la bolsa con mi ropa mas fue en vano, todo mundo se desperdigó y se acomodó como pudo. Cuando nos dieron la indicación de ocupar cada uno de nosotros un cuadro de la plancha, varias filas se tuvieran que reacomodar. Volteé y observé a dos chicas cubriéndose los senos con sus brazos cruzados y a otra más, de mayor estatura que yo, con los brazos a los costados, portando con estoicidad su desnudez, por lo que asumì que las otras chicas se tapaban por pena. Sin embargo, al poco tiempo yo hice lo mismo, cruzar mi brazo sobre mi pecho, porque me empezó a fustigar el frío y no hallaba cómo calentarme.

La sensación de estar descalzo sobre ese espacio que tantas ocasiones se ha pisado, que se había vuelto tan común, que carga tanta historia sobre sí, era sumamente emocionante y ni se diga pensar estar en pelotas frente a Catedral Metropolitana, demostrando una vez más que los valores eclesiásticos me los paso por el arco del triunfo. Pero era más padre ver que no estaba yo solo en esta odisea.

La tercera posición, la C, sin duda fue la más problemática, porque fue sumamente extraño y molesto para mí presenciar cómo nos acompleja y confronta aceptar que tenemos un ano y que exponerlo en posición fetal hacía parecer que la masculinidad mexicana estaba en riesgo y, junto con ello, todo el honor de la gran familia nacional. Todo tipo de bromas pero sobre todo las risas nerviosas de la mayoría de los hombres (las mujeres por lo general se veían serias) me hacían reflexionar en la aparente poca relación que tienen con todo su cuerpo, más allá de enorgullecerse los hombres de su pene y de sus erecciones. Me relajé para no provocarme un calambre y la dichosa foto no se podía tomar porque unos se agachaban al tiempo que otros se levantaban… total, que no estábamos todos agachados, el clásico desmadre mexicano.

Cuando nos dicen que vayamos para 20 de Noviembre, al ir caminando se percibía la satisfacción del deber cumplido, la comunión de personas que se hallan muy cercanas y cómplices de algo bello, se siente en el clima una rara intensidad que no se sabe cómo explotar y de alguna manera la certeza de que está a punto de terminar el sueño, el acto de igualdad que nos ha hecho asumir que el morbo no está necesariamente ligado a la desnudez, que podemos mirarnos en otras pieles y formar un solo ente, después de las profundas divisiones que como sociedad hemos tenido en los últimos tiempos. Era un grito acallado que manifestaba que todos podemos pensar en que las cosas pueden ser mejores, que no nos vamos a fallar, que no nos vamos a abandonar. Los goyas y las consignas fungieron como manifestadores triviales de lo que efervesció.

En 20 de Noviembre quedé en la segunda fila, viéndonos de frente, puesto que dábamos la espalda a la catedral, por lo que en alguna foto aparecida en El Universal se puede ver por lo menos mi cabeza. Terminada la sesión nos dicen que terminó la participación de los hombres, una chica me pregunta escéptica si se refirieron realmente sólo a los varones a lo cual respondo que debe ser un error, puesto que también a mí me sacó de onda escuchar esa instrucción. Sin embargo, pronto empiezan a indicar a las mujeres que se congreguen en el centro de la plaza. Voy a vestirme con la duda de para qué las querrán y con la sensación de haber sido desechados.

El interés por ver a lo lejos a mi ex me lleva a acercarme hacia el grupo femenino, cuando veo a varias chicas venir hacia sus parejas, quienes portan las bolsas con las ropas de ellas, por lo que pienso que han terminado. Los voluntarios, que han pretendido formar una barrera, nos detienen, vemos que ellas están en el extremo izquierdo de Palacio Nacional. Mientras una voluntaria nos informa que estuvimos presentes entre 18 y 20 mil personas vamos avanzando sin que nos paren, por lo que parece no haber problema en poder observarlas de cerca. Algunos chavos comienzan a decir estupideces acerca del deseo reprimido pensando en la superioridad del macho que ya no se siente expuesto y que vuelve a su actitud donjuanesca, pero no fue la mayoría. Algunos comenzaron a sacar sus celulares y nadie les decía nada, hasta que llegó una voluntaria y nos pidió que nos retiráramos aunque sin mucha fuerza. Todo estaba descontrolado. Las chicas gritaban que nos fuéramos y se sintió nuevamente la guerra de los sexos en su esplendor: desechados por los organizadores y repelidos por las mismas mujeres. ¿Por qué se incomodaban ellas si a final de cuentas ya las habíamos visto desnudas?

Me voy hacia donde recogí mi ropa, empecé a buscar la bolsa donde estuvieran los ropajes de mi ex, pero pronto desistí al darme cuenta que era difícil poder diferenciar su ropa sin abrir bolsa por bolsa. Me voy hacia Madero y en los arcos escucho a uno de los voluntarios decirle a otro que se vaya en chinga a las salidas porque se estaban robando las bolsas con la ropa de las damas. Cómo no, para qué nos dejaron vestir primero. Pero me acerco a 16 de Septiembre y veo a personas caminando que se nota están llegando a trabajar -por lo menos quiero pensar que entraron por ello-, que evidentemente no estuvieron en la foto tras lo cual noto que ya hay paso libre para que entre al Zócalo quien sea, aunque las mujeres siguen desvestidas.

Terminan la foto y corren desnudas hacia nosotros para vestirse. Algunos hicieron una valla tomados de las manos para que nadie se aprovechara de que pasaban entre los hombres y otros sólo reaccionamos aplaudiendo cuando se acercaron, como una especie de reconocimiento a su presencia y valor. De pronto, veo a mi exnovia quien, aunque está exactamente enfrente de mí, tiene la mirada en el suelo buscando su ropa por lo que no me nota. Le hablo, con azoro me saluda mecánicamente, sin ganas, me acerco impulsivamente para continuar la plática (observo que su ropa está a cinco metros de donde yo me desvestí, la tuve tan cerca y no la vi antes de que nos desnudáramos), me responde someramente aunque amable, pero no puede -ni quiere- evitar soltar una frase contundente: “Siento que han pasado años desde que te dejé de ver”.

Sólo eran seis días.


7 comentarios sobre “Solo (desnudo) en el Zócalo

    dausen respondido:
    1 septiembre 2007 en 5:50

    Solo en el Zócalo: Comentarios en Zoomblog

    Enviado por Grethe
    Fecha: 4 de Junio, 2007, 17:22

    Hola,
    Acabo de leer tu relato y me estremeció. Recuerdo que yo senti cosas muy parecidas cuando estuvimos juntos ese día, todos, como un todo. También compartí la indignación ante las actitudes machistas de algunos hombres. Y me solidarizo en tu pena por perder a tu pareja, así pasan las cosas a veces. Pero lo que más me sorprendio… Es que vives tan cerca de mi casa, estuvimos tan cerca en la instación, dejamos la ropa en el mismo lugar. ¿Cuantas veces nos hemos cruzado en la vida? Y ni siquiera nos enteramos que existimos. ¿Cómo podemos vivir en una ciudad tan llena y estar tan solos al mismo tiempo? Y finalmente Que fácil desnudamos nuestro cuerpo, ójala desnudaramos así nuestras almas. Te felicito, es un relato excelente ¡Gracias!

    ~~~

    Enviado por Halo
    Fecha: 5 de Junio, 2007, 23:50

    Hola Jerez una gran cronica de este acontecimiento, realmente me tuvo al filo de la butaca, un abrazo hermano.

    saludos

    ~~~

    Enviado por Max
    Fecha: 6 de Junio, 2007, 16:52

    Tu experiencia fue genial, me hubiera gustado estar alla, pero desgraciadamente vivo en California, pero varios amigos mios estuvieron y me contaron que fue una catarsis muy chingona. No se si me hubiera animado a hacerlo pero te felicito.

    Tu cronica fue muy detallada y me hizo vivirlo, gracias.

    ~~~

    Enviado por Manuel Juarez
    Fecha: 7 de Junio, 2007, 23:02

    Muy buena narracion, de lo acontecido, y supongo tambien muy buena experiencia y tienes mucha razon el morbo esta en la mentalidad de cada persona, p.d. La desnudez no va en contra de la iglesia, lo que si es la morbosidad

    ~~~

    Enviado por PACOS C
    Fecha: 8 de Junio, 2007, 13:37

    Muy interesante tu relato, en realidad lo mas impresionante aparte del desnudo colectivo tal vez sea lo que viviste al hacerlo en un lugar cargado d tanta vivencia e historia saludos desde Ags

    ~~~

    Enviado por Ariadna http://ariadnavallejo.blogspot.com
    Fecha: 2 de Julio, 2007, 11:20

    Que bueno haber compartido esa experiencia contigo… aún sin conocernos. Pero mejor aún es, depués de conocernos, seguir compartiendo experiencias…

    priscila escribió:
    30 abril 2009 en 20:29

    Hola Cesar esta lindo e interesante tu blog
    te dejo saludos porque besos no se pueden
    luna pris

    FELIX escribió:
    14 julio 2009 en 4:58

    SALUDOS
    LA OPORTUNIDAD DE MANIFESTARTE Y DE ESA MANERA SIRPRENDERNOS CON EL TEMA TAN SPECIFICO DETALLADO HACE QUE LO PODAMOS VIVIR, GRACIAS POR COMPARTIR ESA EXPERIENCIA, TU EXCELENTE PUNTO DE VISTA Y TUS SENTIMIENTOS.
    TE FELICITO POR LA EXPERIENCIAS QUE HAZ LOGRADO TENER EN TU VIDA.
    SIGUE ADELANTE

    Los números de 2010 « M3m0r14s d un c4dáv3r 4nd4nt3 escribió:
    21 enero 2011 en 21:54

    […] Solo (desnudo) en el Zócalo […]

    ed escribió:
    8 enero 2013 en 1:46

    kiero desnudarme en un lugar publico en la calle m gusta que la gente me vea desnudo solo q no se dnde hacelo alguien deme un consejo o diganme donde o algo les dejo mi correo pluma_0057@hotmail.com

    Dj Marko escribió:
    17 septiembre 2013 en 19:23

    Al parecer al buen amigo Israel, le gusta la hipocresía ya que sigue masturbándose con estos temas, sino ya no estaría viendo estas paginas y solo se dedicaría a ver cosas de Dios, uno mas de doble moral que no puede refrenar sus instintos, recuerda que un enfermo no puede ayudar a otro enfermo, el asunto es que aquí el único enfermito eres tu querido Isra, por otro lado si hay alguien que sepa de estas reuniones, a mi me interesa mucho, ya que quiero vivir la experiencia y aparte entrevistar a algunas personas para mi estación de radio por internet, saludos dejo mi mail

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