sueños

Electrónica

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Lo grandioso de la música electrónica es que no está basada en la armonía, sino en el beat, ese elemento que, en una buena sesión, puede llevarnos -como la marea- entre las pulsiones de vida y de muerte, que nos hace bailar sin que sea un pretexto para descargar cachondería, para arrimarse al otro en un ritual socialmente autorizado y sin tener que escuchar rimas forzadas y textos vulgares acerca del cortejo y del desamor, pues con la electrónica la conexión es con los sonidos, hacia el interior, con la piel que se eriza y que en un haz te eleva al universo, a sólo levitar.

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Telaraña

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Nuevamente te soñé. Llevo años oyendo que eso está mal, que ya lo supere, que me dejaste traumado y otras frases mecánicas. Poca empatía. Sin embargo, aunque sé durante el sueño que lo que estoy viendo no es real, que estoy durmiendo, cedo a la tentación de despertarme para terminar con la ensoñación y decido abandonarme al gozo que me permite vivir sensaciones que ya sólo en la memoria se mantienen vivas, Loveque en este sueño retoñan como si fuese la primera vez que me engulle la emoción intensa de ver tu rostro, tu sonrisa, de sentir cómo tus manos se acercan a mi cara, a acariciar mi mejilla, de que tu cuerpo se voltee para deslizarse sobre mí mientras recostado observo maravillado los poros de tu piel, mientras voy sintiendo cómo tu cuerpo se aproxima al mío percibiendo tu calor. Vivir eso, aunque sea en sueño, ¿cómo lo puedo explicar? ¿Cómo lo puedo pagar? ¿Quién lo quiere entender?

No me hace falta recibir peroratas. Mi imaginación, mi mente, finalmente sólo me pertenecen a mí y en ellas me permito ser libre, es donde puedo recrear lo que en algún tiempo pude ya vivir, donde puedo crear lo que no fui y externar lo que también soy (aunque no se vea). Permitirme caer en los lugares, en los momentos y con las personas, tanto reales como ficticias, en los que me hunde mi onirismo es una experiencia similar a nutrirme de los mundos lejanos y ajenos que en los que floto aún gracias a que sigo yendo al teatro y al cine. No he de renunciar a lo único que me recuerda que, por suerte -y por no sé cuánto tiempo más-, aún no lo estoy…

Luego, al despertar, se acerca el dilema que ha caracterizado a los fines de semana de este año (una vez librada la batalla del tumor de mi madre): el de encontrar una buena razón para levantarme de la cama. Dan las 10, las 12, llega la 1 y, a veces, hasta las 2 de la tarde, mientras sigo dando vueltas a mi mente, pensando qué sentido tiene pararme. Finalmente, los días se consumen sin hallar la diferencia entre haber permanecido o no acostado. Mejor, debería quedarme dormido.

No dejes que llegue la noche

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Esta noche no tuve un sueño, sino cuatro. ¡4 en 1! No sé si me había pasado antes pero, como no tengo en la memoria algo similar, no dejo de pensar que fue delirante. Desperté agitado cada vez que terminaba una “escena”. Estos fueron los sueños:

1. Yo estaba junto a una especie de presa, en cuya agua la gente nadaba y que fluía cuesta abajo en la orilla ubicada en el extremo opuesto, como yo no sé nadar no me metía, y junto a mí estaba mi papá (que no tenía el físico de mi verdadero padre), adentro estaba una niña que era mi hermana (la cual tampoco tenía parecido físico con ninguna de mis hermanas) y, repentinamente, era absorbido por la corriente de agua, le decía a mi papá que se estaba ahogando pero él ni siquiera se movía, dijo que no me preocupara, que en cualquier momento saldría de regreso y permaneció inmutable. Yo, desesperado, a pesar del miedo de no saber nadar, me metí al agua y me dejé arrastrar por la corriente, al caer se llegaba a una especie de canal angosto y largo que topaba con una especie de hoyo en el que yo ya no cupe, me quedé atorado, y ahí sentí los pies de mi hermana, la saqué del agua con grandes esfuerzos por tener que hacerlo contra el peso de la corriente que caía en ese punto y, al lograrlo finalmente, se encontraba ya cerca del punto en donde mi papá estaba parado, sin haber vuelto a subir la pendiente por la cual había caído anteriormente. Mi papá sólo se nos quedaba viendo, confiado, y sonreía.

2. En este sueño yo me veía de unos veintitantos años y estaba junto a un conocido, no recuerdo si era un amigo o mi primo que vive en Monterrey, el caso es que estábamos buscando un lugar dónde vivir e íbamos de noche a ver un cuarto que rentaba un hombre, con cara de maldito y ropa de “Leatherface” que nos recibió cortante, al entrar a la construcción que parecía estar en obra, nos llevaba por un costado de la misma, en donde tuvimos que caminar con gran dificultad sosteniéndonos de una tubería pegada al muro para poder bajar a la parte trasera, punto en el que se encontraba un cuartucho con techo de lámina. En ese punto, lleno de grandes piedras, al sentir peligro hablábamos de la forma en la que podríamos salir, mientras el tipo sacaba un machete con el que nos amenazó, así que corrimos para resguardarnos aunque sabíamos que no había escapatoria, pronto se acercó a matarlo a él primero y sólo permanecía estupefacto viendo cómo me convertiría en taquitos de suadero.

3. Abordé una unidad de transporte colectivo, una mezcla entre microbús y combi, en la que poco antes de llegar al punto donde debía bajarme pagué mi pasaje tramposamente, indicando que había subido en un sitio más cercano del que realmente venía, el cobrador dudaba de lo que yo estaba diciendo y se me quedaba viendo de tal forma que me puse nervioso, con lo que se aseguró que estaba mintiéndole y me cobró de más; al reclamarle por sentir que estaba abusando e indicarle ahora sí dónde me subí exactamente, ascendió Angélica, una amiga ex compañera de la secundaria, momento en el que coloqué mis manos debajo del asiento, en donde encontré un plástico que contenía hojas de horarios de turnos en Blockbuster, luego me percaté de que había unos dos o tres paquetes grandes llenos de papeles extraídos de los archivos de la tienda, lo cual me hacía reclamarle que los hubiera hurtado, ella se puso nerviosa al verme furioso sabiendo que en ese momento acudiría a acusarla con la policía.

4. Llegaba con mi mamá y con mi hermana Cynthia a un cuarto de adobe en un pueblo perdido en alguna parte, del cual salí para dar la vuelta en la que me encontré a Karina, me impactaba hallarla allí, en ese lugar tan apartado de todo, además porque justamente la intención de ese viaje era para que yo pudiera olvidarla; después de reclamarle que se alejara y que me hubiera retirado la palabra, ella se disculpaba y reconocía que había tenido acciones que me lastimaron, por su sentida sinceridad la perdonaba y, entusiasmados, nuevamente reiniciábamos la relación. Cuando iba de regreso al cuarto con mi familia, Kar una vez más había decidido irse y dejarme de hablar, lo cual le comenté muy triste y confundido a mis familiares con el fin de desahogarme, de sentirme cobijado, pero ellas sólo atinaron a agachar la cabeza y, para evitar el tema, comenzaron a hablar de otra cosa, provocando que me sintiera profundamente abandonado e incomprendido.    

 

En tus sueños

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Llevo semanas sin descansar del todo cuando duermo debido a los sueños angustiantes y oprimentes que estoy teniendo, que ahora me hacen despertarme continuamente a lo largo de la noche (algo que antes no me sucedía -quienes me conocen, saben que suelo dormir profundamente, como si fuera roca-) pero, a pesar de ello, cuando vuelvo a dormirme retomo el sueño justo en donde me quedé. como si en automático quitara la pausa del reproductor…

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Anoche, la pesadilla consistió en que debía conseguir dinero para regresar a casa antes de que anocheciera, pero no lo lograba, le pedía a amigos, se escondían, otro desaparecía, surgían muchos embrollos como el de no alcanzar un autobús, entre vagos fragmentos desarticulados que recuerdo.

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Sin embargo, antenoche fue lo más delirante, ya que aparecía nuevamente KJB, no sólo en buen plan hablando conmigo, sino que teniendo la relación amorosa, como si nada hubiera pasado y ¡nos casábamos! Sólo por el civil, pero finalmente boda, con ropa formal (¡guácala!), sí, ya sé que para los que conocen mi vida no deja de ser una obsesión chaqueta mía pero más allá de explicaciones racionales debo decir que fue la primera vez en mucho tiempo que recordé a detalle los gestos y los detalles de su rostro lo cual, a pesar de la desazón que aún me provocó su ausencia en el transcurso del sueño y tras despertar, resultó encantador.

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Luego, nos separábamos porque yo trabajaba en un Oxxo que por alguna razón atendía mi familia, del cual salía para buscarla, ella estaba en el depa de un edificio viejo, asumo que habíamos ido a vivir allí, no había muebles ni cortinas que interrumpieran la vista a través de las ventanas, ella estaba triste, ausente mientras yo la veía desde otro departamento en el edificio de enfrente, que tenía el techo muy bajo, yo no podía estar de pie, tenía que inclinarme y al hacerme para atrás veía que en él estaban Kat (enojada), Édgar (a quien no veía, pero lo sentía ahí) y Bruno, tranquilo, sereno, al cual cargaba porque me lo pedía con su mirada; después me iba de ahí, desesperaba por llegar a donde estuviera Karina y hacía todo lo posible por encontrarla sin conseguirlo, desapareció y no volvería a verla, para llegar a un desenlace criminal con el cual tendré invariablemente que dejarlos en suspenso porque, lamentablemente, ya no lo recuerdo.

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Actualización del 9 de julio:

Esta noche el sueño ha continuado, de alguna manera, ya que sólo recuerdo la parte final en donde Karina y yo estábamos en un cuarto cuyas paredes eran de color verde, por algún lugar se filtraba una luz muy tenue, el fondo estaba oscuro y había unas cortinas colgadas que caían del techo rodeando la sala, yo estaba sentado en el sillón mientras ella caminaba hacia mí quitándose la ropa con la intención de coger, yo lo deseaba pero me detenía algo, que resultaba ser pudor porque en algún momento sentí que nos observaban así que le decía que no lo hiciéramos porque mi abuela estaba a un lado, en una especie de recámara-hueco contiguo, durmiendo, para lo cual ella encontraba como solución recorrer la cortina y siguió hacia mí.

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Luego de ello, no muy convencido, yo me quitaba lentamente la ropa, de tal suerte que ella había terminado de desnudarse y mientras me besaba apasionadamente terminaba por retirar mis prendas de manera eficaz y rápida, se encimaba sentándose encima de mí acomodándose con suma precisión para empezar la penetración. Mi abuela en el fondo se movía y yo quería detenerme, pero a Karina no le importaba en lo más mínimo si ella se despertaba.

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Pero el que se despertó, de veras, fui yo.